jueves, 2 de julio de 2015

Evadió mencionar el ataque a estudiantes

¡¡Exijamos lo Imposible!!
Proceso

Zabludovsky, la docilidad periodística ante el poder
JENARO VILLAMIL

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- A los 87 años de edad, el periodista Jacobo Zabludovsky falleció esta madrugada en la Ciudad de México. Durante casi tres décadas, Zabludovsky fue el rostro, la voz y el conductor del noticiario televisivo más importante del país, 24 Horas, de Televisa. Previamente condujo los noticiarios Noticiero General Motors, Su Diario Nescafé, 24 Horas de la tarde y la noche.

Zabludovsky, de ascendencia judío-polaca, fue periodista de todos los medios posibles: fue reportero y columnista de medios impresos como El Heraldo, Novedades y El Universal, conductor radiofónico y formador de una generación de conductores en televisión. En sus últimos años, fue conductor en Grupo Radio Centro de un espacio radiofónico De 1 a 3 que lo caracterizó por sus dos grandes pasiones: el Centro Histórico de la Ciudad de México y el tango.

Zabludovsky fue un personaje de claros y oscuros. Representante durante años de la docilidad frente al sistema gobierno, el periodista protagonizó episodios muy oscuros de la censura, como al día siguiente de la matanza del 2 de octubre de 1968, cuando evadió mencionar el ataque a los estudiantes que se manifestaban pacíficamente en la plaza de la Tres Culturas, en Tlatelolco. Hoy fue un día soleado”, editorializó aquella mañana trágica con su estilo críptico.

También censuró las protestas por el fraude electoral en Chihuahua, en 1986, lo que orilló a que el PAN encabezara una protesta en contra de Grupo Televisa, en la época de Emilio Azcárraga Milmo.

Durante la campaña presidencial de 1988, Zabludovsky encabezó las claras preferencias de la empresa Televisa a favor de Carlos Salinas. Entrevistó a unos supuestos “medios hermanos” de Cuauhtémoc Cárdenas, entonces candidato del Frente Democrático Nacional.

Por otro lado, Zabludovsky realizó uno de los trabajos de cobertura periodística más memorable durante los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985, hace casi treinta años.

Entrevistador pulcro de celebridades históricas como El Che Guevara, o de artistas de la talla de Salvador Dalí, o de la actriz María Félix.

Tras el fallecimiento de Azcárraga Milmo, en 1997, Zabludovsky quedó en una posición vulnerable frente al ascenso de Emilio Azcárraga Jean y sus amigos, conocidos como Los Cuatro Fantásticos. Decidió renunciar a la empresa para la que trabajó desde los tiempos de Azcárraga Vidaurreta cuando su hijo Abraham Zabludovsky no se quedó al frente del noticiario estelar de Televisa.

Icono Controvertido

Uno de los mejores perfiles de este periodista fue el siguiente, escrito por Andrew Paxman y Claudia Fernández en su libro El Tigre, Emilio Azcárraga y su Imperio Televisa:

Una clave en la relación entre Emilio Azcárraga y el poder fue, sin duda, Jacobo Zabludovsky. Un periodista sui generis que saltaba cuando olía una noticia, pero que al reportarla era incapaz de rebasar la acotada línea editorial de su empresa, el acordado respeto a las instituciones, o de cuestionar alguna política priista en pos de una cobertura imparcial. Zabludovsky resultó para Azcárraga el perfecto alfil político.

“Lo mismo vencía todos los obstáculos para entrevistar a los líderes guerrilleros cuando triunfó la Revolución en La Habana, que cubría los funerales de la princesa Diana en Londres, convaleciente de una operación de cáncer. También polémico, en incontables ocasiones Zabludovsky fue el eficiente operador de la propaganda gubernamental, con la anuencia de su patrón. Irritaba a los partidos de oposición por ignorar sus versiones sobre fraudes electorales del PRI, enardecía a los maestros al reportar sus manifestaciones como causa del caos vial y no escuchar sus protestas, encolerizaba a los intelectuales críticos por su incondicional servilismo al sistema”.

A lo largo de la historia, Zabludovsky encajó como el perfecto periodista de la época autoritaria de México.

En una entrevista con el periódico Reforma, Zabludovsky justificó así su posición:

“Nuestro margen de maniobra era limitado. Era un problema relacionado con la situación del país, con un presidencialismo concentrado, con absoluta hegemonía del PRI. Además, había una identificación entre las intenciones de las empresas y las políticas del gobierno, lo cual se reflejaba dentro de las televisoras y la radio. También había empresarios, como nuestro director Emilio Azcárraga, que se declaró priista y soldado del presidente, y esto se reflejaba dentro”.

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