domingo, 19 de abril de 2015

Jenaro Villamil entrevista a RogelioOrtega

¡¡Exijamos lo Imposible!!
Homozapping
A las presiones represivas en Guerrero, Rogelio Ortega respondió con “tolerancia extrema” 
(Primera Parte)
Jenaro Villamil

Entrevista publicada en Revista Proceso No. 2007

“La salida represiva y autoritaria en Guerrero ha estado a punto, a punto”, admite el gobernador interino Rogelio Ortega, quien argumenta que para evitar esta solución ha insistido “en el diálogo, en la tolerancia extrema, que me cuesta muchos reclamos del otro lado. ¿Hasta cuándo, gobernador, los vas a meter a la cárcel? ¿Hasta cuándo va a permitir las movilizaciones?, me reclaman”.

A casi seis meses de su abrupta llegada al poder, el 26 de octubre de 2014, en medio de lo que él llama “la tragedia de Iguala y el drama de Ayotzinapa, de los escándalos de corrupción y represión de su antecesor Ángel Aguirre cuyo grupo lo sigue presionando, frente a los recelos del movimiento de los 43 normalistas de Ayotzinapa que lo desconocieron como interlocutor y en el escenario de una contienda electoral “muy cerrada entre el PRI y el PRD, Ortega afirma en entrevista con Proceso que logró frenar la salida represiva, pero también siente la presión de la clase política local por relevarlo. El próximo 24 de abril, el Congreso local guerrerense, dominado por el PRI y el PRD, definirá si renuevan el periodo de Rogelio Ortegadesignado interino originalmente por un año-, si Ángel Aguirre decide retornar al poder o si designan a otro interino para completar los seis meses restantes. El senador del PRD, Sofío Ramírez, integrante de la corriente aguirrista encabeza la presión para destituir a Rogelio Ortega.

-¿Cómo ve este proceso para relevarlo o ratificarlo?

-Estoy preparado para lo que el Congreso decida.

Y relata que le han aconsejado “comprar” a los diputados locales: “En esto siempre hay buenos y malos consejos. Hay quienes me dicen ‘es muy fácil, convéncete a 31 diputados (de un total de 46) y lo planchas’. En el fondo, lo que me están diciendo es ‘cómpralos’. Y yo contesto: no, por convicción. No confundo valor con precio. No, porque no hay dinero y porque mis principios no me permiten meterme en esa ruta, aunque hubiera dinero no lo haría”.

No sólo de la clase política local ha tenido presiones en estos seis meses. Los medios masivos de comunicación, en especial, las televisoras, también lo han presionado: con convenios por 160 millones de pesos, como con Televisa o la clásica costumbre de firmar publicidad con los medios locales.

-¿A todos los niveles ha sentido esta presión para ejercer la mano dura?

-. Hay mucha presión no sólo local. Incluso, la de mayor fuerza y radicalidad es la que se expresa a nivel nacional con personas con presencia en medios masivos, como la señora Miranda de Wallace y otros colegas suyos, comunicadores, que todos los días me dicen ‘gobernador cómplice, tibio, omiso’. Luego, hasta dicen que ando en francachelas. ¡No tengo ni tiempo para eso! Las dos terceras partes de mi tiempo la dedico a resolver el conflicto social de la crisis de Ayotzinapa. He bajado 14 kilos.

-¿Hay guerra sucia de los medios?

-Hay quienes me dicen que falló el modelo de comunicación. Es posible. Eso si tuviera un periodo completo de gobierno, pero no había tiempo ni para eso. Los medios están muy acostumbrados a los grandes convenios y contratos. Y en esa parte, por favor, de dónde. En primer lugar, no hay dinero, no va conmigo y si aunque hubiera dinero mejor dedicarlo a los temas de marginación, pobreza, salud.

A pesar de las presiones, Rogelio Ortega está convencido que dio resultados su estrategia de privilegiar el diálogo, la negociación, la “tolerancia extrema” con los movimientos sociales. Recibió el gobierno con 46 ayuntamientos tomados “e iban por los 81 de todo el estado”. Ahora sólo quedan 6. El miércoles 15 de abril le entregaron Chilpancingo.

Ortega relata que en diciembre de 2014 estableció una mesa de negociación con 160 líderes para establecer una tregua navideña. Le entregaron 180 demandas puntuales. Todas, iniciando siempre con el reclamo de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Resolvieron desbloquear carreteras. “Tuvimos la mejor temporada alta decembrina en Acapulco, afirma.

Ahora, frente al proceso electoral Ortega admite que el desafío es escuchar los argumentos de quienes están a favor del boicot electoral y los partidos que están en campaña. “Se va a disputar una elección muy cerrada, entre el PRI y el PRD, por la gubernatura, pero hay una franja de quienes están en la incertidumbre”, prevé.

-¿Hay condiciones para el proceso electoral en Guerrero?

-Quienes están en campaña lo hacen desde su posición a favor de la legalidad y la contraponen a quienes están en la posición del boicot electoral. Los que quieren el boicot plantean que primero las reformas de las instituciones y que los partidos planteen candidaturas limpias. Creo que ambas posiciones se deben dirimir en el debate de manera franca. Buscar la ruta del encuentro.

“Veo fragilidad en las tácticas de quienes están a favor del boicot electoral. Hay quienes reparten volantes, hacen pintas o mítines. Eso no es problema. Grave es que tomen la casilla e impidan que se vote. Mas grave si alguien está pensando en acciones violentas: quemar vehículos, poner barricadas, lanzar petardos.

“Esta es la parte delicada del asunto. No sólo en Guerrero, sino en todo el país. Y no es un asunto menor”, sentencia.

Ayotzinapa y La Doble Cara De Jano

Desde el principio de la entrevista, realizada en la Ciudad de México, el ex secretario general de la Universidad Autónoma de Guerrero, ex dirigente estudiantil y participante en los movimientos sociales de los años sesenta en su entidad, admite que con la escuela normal de Ayotzinapa tiene un “vínculo y una deuda personal”.

Ortega rememoró que a finales de los años setenta fue detenido y apresado en una cárcel clandestina. El general Arturo Acosta Chaparro, el estratega de la tortura y la guerra sucia en Guerrero lo detuvo, lo interrogó y lo torturó. Antes de liberarlo le dijo: “Tengo la sospecha de que usted está vinculado a la guerrilla. Esto no termina aquí. Si me entero, no va a haber segunda oportunidad para ti”.

“Al año siguienterelata- Acosta Chaparro intentó volverme a atrapar, pero no lo logró porque me defiende la universidad y me voy una temporada a vivir a la escuela normal de Ayotzinapa. Eso fue en el verano de 1978. Por eso yo tengo una deuda personal con Ayotzinapa.

-Usted afirma que tiene una deuda personal con Ayotzinapa, pero su interlocución con ellos ha sido atropellada. ¿Cómo han sido estos seis meses?

-Desde que asumí la gubernatura interina de Guerrero me planteé dos rutas con Ayotzinapa: la vía exprés y la vía larga. A las dos horas y media de la toma de posesión me estaba reuniendo con los muchachos de Ayotzinapa. Les ofrecí trabajar en una ruta bajo tres principios: solidaridad, acompañamiento y coadyuvancia. Les dije que podía ser coadyuvante ante las autoridades federales.

“Ellos me responden que están de acuerdo, pero tienen que consensar. Lo aprueban y me avisan desde el 26 de octubre, al mes de la tragedia. Llega el abogado de Tlachinollan Vidulfo Reyes y revierte el acuerdo que ya se había tomado.

“En ese momento pensé que era algo grave lo que hacía Vidulfo. Ahora lo entiendo. Es la lógica del movimiento. En esa lógica está rota toda relación con el gobierno de Guerrero, con el de Aguirre y con el nuevo. Regresar al diálogo con autoridades locales era un retroceso en la ruta que se habían planteado”.

-¿Era algo personal?

-No, ahora lo entiendo así. Es una lógica que tiene una coherencia con la ruta que trazaron. Con el aguirrismo nada, con el nuevo gobierno, nada. Además, ya tenían ellos la interlocución con el gobierno federal y la investigación estaba en manos de la PGR.

“Ahí pueden entreverarse algunos elementos subjetivos. En ese momento Vidulfo tuvo temor que entrara y capitalizara la conducción del movimiento. Y no era esa mi intención. Para mí la intención era decirles que este gobierno genera éxito si logra ser un interlocutor confiable de todos los liderazgos del movimiento.

“Esa era la vía exprés. El plan A. Como fracasa, no insisto. Nada que sea con calzador ni a la fuerza. Mejor vamos por el plan B, la vía larga”.

Ortega relata que esa vía larga fue buscar a los liderazgos comunitarios en los municipios, reunirse con los familiares de las víctimas y de los heridos y atenderlos. Su esposa Rosa Isela lo apoyó. A pesar de eso, persistió la desconfianza.

-¿Cómo explica usted esta reacción del movimiento?

-Es la respuesta al agravio y no solamente se expresa ahí en el tema de Ayotzinapa y de Iguala sino en una gran cantidad de resabios sociales no atendidos. Ellos concitan movilizaciones impresionantes, de miles. Hay un encono, una rabia de todo lo que sea gubernamental e institucional. Por eso fueron a quemar el palacio municipal de Iguala. Era el símbolo de la corrupción y la narcopolítica.

Ortega relata que su labor fue convencer a los liderazgos de no bloquear las autopistas ni las carreteras más importantes porque afectaban a terceros y a la derrama económica de Acapulco, de la cual dependen cientos de familias.

-¿Algún día dijo usted que tenía que aplicarse la “tolerancia cero” en contra de las movilizaciones?

-No, al contrario. La tolerancia al extremo. Y lo he dicho reiteradamente. Y esa es la posición que me ha generado la crítica de los otros sectores: es un gobernador cómplice, débil, terrorista, subversivo, guerrillero, protege a sus camaradas.

“Es como la doble cara de Jano, afirma, refiriéndose al dios romano de dos caras: la que mira al pasado y la que ve hacia el futuro.

“Para unos soy represor y asesino, y para otros soy cómplice de los generadores de violencia”, sentencia.

-¿Cómo enfrenta esa polarización?

-Cuando entrego resultados. Cuando ya va a llegar diciembre y tengo a 160 líderes reunidos, en secrecía, en Acapulco, tomando acuerdos para atender el número uno siempre que es la demanda de los 43 de Ayotzinapa, segundo, los presos políticos, tercero, toda la gama de problemáticas que cada liderazgo trae (maestros, policías comunitarios, campesinos). Avanzamos en las mesas de diálogo y tomamos un gran acuerdo que fue la tregua navideña.

Ortega recuerda que ante el temor de los bloqueos y la violencia, el empresario Olegario Vázquez Raña, organizador del campeonato para sacar a los seleccionados olímpicos en tiro de escopeta le preguntó: “¿hay condiciones para organizarlo en Acapulco?”. “Dígales que , le respondió. Eran más de 40 países invitados.

Ese mismo día, Ortega advierte que por la tarde se reunió con los integrantes del movimiento de La Parota. “Así es Guerrero, de contrastes. Tienes que gobernar para todos”, apunta.

(Continúa mañana)

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