jueves, 31 de octubre de 2013

Vazurita adulteró el proceso electoral 2012

REUNIÓN SENATORIAL. Los coordinadores del PRD y del PRI en el Senado, Miguel Barbosa y Emilio Gamboa, respectivamente, tras reunirse en el restaurante de un hotel cercano al recinto legislativo de Reforma e Insurgentes Foto Francisco Olvera
¡¡Exijamos lo Imposible!! 
La Jornada
Astillero
 
IFE, misión cumplida
Desorden y simulación
Saldo negativo de LVZ
PRD en la mesa principal
Julio Hernández López

El Consejo General del Instituto Federal Electoral ha quedado en una precariedad circunstancial que gráficamente demuestra lo oneroso e inútil de buena parte de la plantilla ejecutiva de ese organismo que va en marcado declive. Luego que ayer terminó el encargo del presidente de ese cuerpo colegiado, Leonardo Valdés Zurita, y de otros tres consejeros (Macarita Elizondo, Alfredo Figueroa y Francisco Guerrero), hoy solamente quedan vigentes cuatro de nueve consejeros (en febrero de este año anunció su salida Sergio García Ramírez) y nada hace pensar que sea verdaderamente imprescindible el nombrar a nuevos ocupantes de esos asientos (aunque los tres principales partidos ya tienen en sus miras el reparto de ese botín, sea como IFE o como instituto nacional electoral, que en correspondencia les garantiza la continuidad del mismo sistema de simulación y fraude).
 
El 7 de febrero de 2008, Valdés Zurita fue electo consejero presidente del IFE a propuesta de la corriente perredista de Los chuchos y en concordancia con la bancada del PAN en la Cámara de Diputados (los priístas, coordinados por Emilio Gamboa, acabaron sumándose al nombre de quien había sido militante de los partidos Mexicano de los Trabajadores y Mexicano Socialista, de los que fue representante ante la Comisión Federal Electoral). Su extraña aparición en escena (vivía en el estado de Guanajuato, donde daba clases en una universidad y además promovía y practicaba la degustación profesional de vinos de mesa) generó rechazo de parte de segmentos de la izquierda electoral que habían apoyado a Andrés Manuel López Obrador en 2006 y participaban en la construcción de lo que sería su segunda candidatura presidencial, en 2012.

De inmediato tomó forma la sospecha de que se había postulado a un personaje con antecedentes de izquierda para solamente aparentar que se crearían condiciones de competencia electoral que remontaran la crisis de 2006, cuando el IFE fue incapaz de frenar y castigar las diversas formas de inequidad que promovieron la Presidencia de la República, a cargo del confesamente distorsionador Vicente Fox, los principales grupos empresariales y el poder televisivo, con Televisa a la cabeza, para impedir el triunfo de AMLO e imponer mediante un ínfimo margen oficial de diferencia a Felipe Calderón en Los Pinos.

A fin de cuentas, el saldo de la gestión de Valdés Zurita corresponde a las expectativas negativas de cinco años y ocho meses atrás. No hubo ninguna mejoría relevante ni siquiera en el plano operativo, como lo dio a conocer en La Jornada el reportero Alonso Urrutia, especializado en la cobertura de estos asuntos, con base en un estudio ordenado por el propio IFE a la firma Deloitte, la cual reportó el desorden administrativo, la duplicidad de funciones y el despilfarro que se ha vivido en ese instituto. Tratando de mantenerlo en una clasificación confidencial, el propio consejero presidente prefirió derivar el tema hacia una torpe exigencia al medio que difundió un documento auténtico (por cuya confección se pagaron 16 millones de pesos) de que revelara sus fuentes, en lugar de atender lo sustancial del diagnóstico revelado (http://bit.ly/1f4U92W).

Con Valdés Zurita y sus cercanos fueron sostenidos los mismos mecanismos de permisividad para que los mismos factores de poder real adulteraran el proceso electoral en 2012, aunque con tretas modernizadas (entre otras, el uso de los monederos electrónicos de Soriana y de Mónex, en una descarada compra masiva de votos que formó parte de una magna operación inequitativa para frenar el ascenso del tabasqueño en su segunda postulación). Justamente para lavar la cara al PRI y al candidato Peña Nieto es que el consejero García Ramírez renunció en febrero de este año, luego de emitir el voto que impidió sancionar a Mónex y a pesar de que antes el propio García Ramírez se había excusado de participar en el tema por tener relaciones de amistad con algunos de los involucrados. Valdés Zurita, como Luis Carlos Ugalde en 2006, se convirtió de manera consciente y aplicada en pieza decorativa del gran montaje de los fraudes electorales institucionalizados (Ugalde, por cierto, recibió en días recientes protestas y reproches al participar en la feria del libro de Hermosillo, donde lo acusaron de traidor a la patria http://bit.ly/1aeLPs5).

A la hora de cerrar esta columna no se conocía el curso que tendría otro de los arreglos cupulares, éste referido a la miscelánea fiscal que, de manera pretenciosa, arrancó como presunta reforma hacendaria y está terminando como maltrecha y parchada enmienda. A pesar de la racha de acuerdos que habían tenido PAN, PRD y PRI en el contexto del Pacto por México, el tema de la recaudación de dinero para la administración peñista llevó al partido de blanco y azul a un distanciamiento que busca posicionarlo electoralmente ante las clases medias, los empresarios y las franjas fronterizas como el único que defendió sus intereses, mientras el del sol azteca asumió el papel de votante necesario para que dicha miscelánea fiscal sea aprobada en el Senado, con lo cual pudo cumplir ahora un papel parecido al que el PAN desempeñó con el PRI en otras coyunturas (en especial, puede recordarse la alianza durante el gobierno de Salinas de Gortari).

Con el tiempo legislativo encima y el rechazo de la bancada senatorial panista, que decidió retirarse del proceso de aprobación de la mencionada miscelánea, para así subrayar el hecho de que sean los perredistas los que apoyen al PRI en esta escalada fiscal, el PRD y concretamente los jefes actuales de ese partido, pertenecientes a la corriente Nueva Izquierda y conocidos como Los chuchos, terminaron sentados en la mesa única de negociaciones, frente a un Luis Videgaray al que anoche planteaban una serie de correcciones impositivas como condición para continuar con el proceso, ya cumplido en San Lázaro y en el trabajo de comisiones de estudio, de culminar lo que quede de aquella reforma hacendaria con un peculiar entendimiento entre el PRI-Los Pinos y el PRD-Los chuchos. ¡Hasta mañana!

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