sábado, 4 de abril de 2015

En la actualidad el 'enemigo' es la sociedad

¡¡Exijamos lo Imposible!!
Por Esto!

Llegó la hora de las definiciones
Guillermo Fabela Quiñones

Apuntes

Aun cuando hay plena conciencia en amplios sectores sociales y académicos de que la realidad de México en la actualidad es preocupante, el grupo en el poder parece no darse cuenta, y en vez de actuar para frenar el acelerado proceso de descomposición que se vive en el país, hace precisamente lo contrario a fin de que el caos que se avecina se presente más pronto. La pregunta forzosa es por qué se empeña el régimen en llevar a los mexicanos a la ruina, y la respuesta es una sola: la oligarquía, conjuntamente con el gobierno estadounidense, considera que llegó la hora de afianzar su hegemonía porque todas las condiciones están dadas.

Han sido tres décadas de una labor firme para lograr lo que hoy es una realidad, así que no ven que haya necesidad de seguir jugando a la “democracia”. En Los Pinos tienen muy claro que no deben perder más tiempo en componendas que sólo propician riesgos innecesarios, que podrían desembocar en la concientización de la ciudadanía sobre la necesidad de organizarse, al precio que haya que pagar. Por eso Wil G. Pasterns, director del Centro de Estudios Mexicanos en la Universidad de Groningen, de Holanda, no duda en afirmar que a diferencia de la “guerra sucia” de los años setenta, cuando el gobierno federal tenía un rival muy concreto, en la actualidad el “enemigo” es la sociedad mayoritaria, que clama por una elemental justicia social y mínimos espacios democráticos, que se le niegan rotundamente.

De ahí que la estrategia del “gobierno” de Enrique Peña Nieto sea criminalizar el proceso social y político de los mexicanos que demandan justicia y democracia, pues tiene claridad sobre la meta por alcanzar: desarticular la capacidad de organización de las clases mayoritarias, con el objetivo de garantizar “estabilidad y gobernabilidad” a los poderes fácticos que pretenden adueñarse del país sin tener que estar negociando con líderes sociales, un asunto por demás molesto que a final de cuentas es sólo una pérdida de tiempo y un gasto innecesario. Prefieren pagar el costo de la criminalización de los procesos de carácter reivindicatorio, porque así tienen la seguridad de que el “enemigo” será derrotado.

Es obvio que las élites en el poder únicamente piensan en el corto plazo, porque sus ambiciones son muy cortas en cuanto se refiere al factor tiempo, pero muy grandes en lo tocante a los beneficios obtenidos en este lapso. Saben que México no tiene futuro, de ahí la urgencia de alcanzar sus metas en el menor tiempo. En este sentido, tiene razón el investigador holandés al decir que “México es un país sin rumbo”, porque tenerlo implica planes de mediano y largo plazos. La tecnocracia lo hizo hace tres décadas, se puso metas de corto, mediano y largo plazos, y las alcanzó conforme a sus planes bajo la dirección de la Casa Blanca en Washington.

Ahora su problema fundamental es cómo mantener un estado de cosas que pone en riesgo el futuro de los mexicanos, pues alteró profundamente la marcha de la sociedad y creó profundas contradicciones que equivalen a un cáncer terminal si no se atiende cuanto antes en sus causas. El grupo en el poder no tiene otro remedio que la represión, sin importar las consecuencias. El nivel de ésta lo determinará la propia realidad. Lo evidente es que, como señala Pansterns, en nuestro país “hay un profundo sentido de preocupación, tensión y desilusión”. Entonces, así como para la oligarquía y la derecha en el poder están dadas las condiciones para criminalizar las protestas sociales, para las clases mayoritarias también están dadas, pero para pasar de la protesta desorganizada y sin un fondo político, a la organización seria con un sentido político concreto.

En este momento, quienes han sido cómplices de la oligarquía, como el alto clero, se muestran preocupados porque el grupo en el poder no tiene un mínimo sentido político, una elemental sensibilidad social, situación que los tiene muy alarmados porque se corre el riesgo de que la sociedad, llegado el momento, les reclame esa complicidad. El cardenal Norberto Rivera Carrera no tuvo empacho en afirmar que México “sufre la esclavitud del crimen y la corrupción”. Efectivamente, así es. Sin embargo, lo que demanda la población es solidaridad, no sólo denuncias para acallar la conciencia.
(guillermo.favela@hotmail.com)

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