Posdebate, la disputa sigue
Julio Pimentel Ramírez
Poco nuevo se puede decir sobre la rigidez del formato del multicitado encuentro que, finalmente, no dejó contento a ninguno de los contendientes. Es de esperar que el próximo ejercicio del 10 de junio en Guadalajara sea más flexible y permita que se confronten propuestas y permita que los ciudadanos conozcan ciertos aspectos de la capacidad de cada uno de los que pretenden la presidencia de la República.
A varios días de que la polvareda levantada por los “24 segundos que estremecieron al IFE”, es decir el breve momento en el que el teleauditorio que siguió el “debate” contempló la curvilínea figura de la modelo argentina Julia Orayen, comienza a asentarse quedan en pie varias críticas y reflexiones en torno a este hecho, desde las posiciones que fustigan la misoginia y demandan poner fin al uso sexista y consumista de la figura femenina, los que denuncian que se trató de un distractor diseñado previamente, hasta la versión oficial de que se trató de un simple descuido.
Más allá de esta anécdota que marcará este primer “debate” de la campaña electoral 2012 y que no debe ser sobredimensionada, es importante al evaluar el desempeño de Josefina Vázquez Mota, Gabriel Quadri, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador no perder de vista tanto lo que representa cada uno de ellos y contrastarlo con la realidad que vive el país, caracterizada por una profunda crisis económica, política y social.
Es lógico que cada uno de los candidatos, sus partidos políticos y seguidores -en el caso de Peña Nieto se incluye a los grandes medios televisivos, Vázquez Mota cuenta con el respaldo del cada día más debilitado Felipe Calderón y AMLO con ciudadanos conscientes y organizados- se proclamen ganadores y busquen a partir de eso impulsar sus campañas en la segunda fase que tendrá un momento de evaluación dentro de un mes.
En todo caso no olvidemos que el PRI y el PAN representan las dos caras de la misma moneda. Las criticas al pasado priísta que legó deuda, corrupción, impunidad, desempleo, migración y pobreza, entre otras cosas, son justas. Los mexicanos debemos tener memoria y no olvidar el autoritarismo y las represiones de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría; el nepotismo y la corrupción de José López Portillo y Miguel de la Madrid.
Tampoco hay que lanzar al cesto del olvido a las dos últimas administraciones del tricolor, las de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, ya en pleno neoliberalismo, en las que se disparó exponencialmente el desmantelamiento tanto del llamado Estado de bienestar como de las estructuras productivas nacionales, todo en medio de un impresionante saqueo de las arcas públicas.
Sin embargo también tienen razón los que dicen que en los últimos doce años, los de los gobiernos neoliberales del falso cambio panista, en México se incrementaron la pobreza -doce millones de personas ingresaron a ese trágico rubro social-, el subempleo y desempleo; se estancó el salario.
La corrupción sigue galopante: una muestra es el tremendo “pozo profundo” del que los tecnócratas panistas extrajeron 400 mil millones de pesos y que tratan de encubrir, con mágicos trucos contables, en la maraña de la deuda generada por los PIDIREGAS en Petróleos Mexicanos y que ahora forman parte de la deuda pública.
No dejemos de lado, algo que por diversos cálculos políticos no ocupa lugar destacado en la agenda electoral de los candidatos, la salvaje escalada de violencia que en el último lustro ha dejado más de 60 mil ejecuciones, 10 mil desaparecidos, más de 150 mil desplazados. Junto a ello miles de huérfanos, viudas, madres de desaparecidos, en fin familiares de víctimas que no encuentran justicia.
Calderón es responsable del deterioro del tejido social, de la erosión de las instituciones estatales, por ello deberá responder. Mientras eso sucede no dejemos de lado que este primero de julio se decide entre tres candidatos, dos que representan, en lo esencial, la continuidad de la estrategia de seguridad calderonista: Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota; y un tercero, Andrés Manuel López Obrador, que es la opción de un cambio verdadero.

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