Indice Político
Por Francisco Rodríguez
Prestigiar al magisterio
Contrario
a lo que sucede en países como Finlandia –nación con la que se compara a
la nuestra en materia educativa—, donde ser maestro tiene gran
prestigio social, en México cada vez más los trabajadores de la
educación son considerados cual profesionistas de segunda.
La buena consideración que en Finlandia hay hacia el magisterio se
refleja en los resultados de las pruebas Pisa, en la excelencia
requerida para ingresar a la carrera docente y en buenos salarios.
El maestro mexicano, hace tiempo, perdió todo tipo de consideración
social. Si estudió pedagogía o acudió a prepararse a una Normal, se
dice, fue quizás porque no le alcanzó el promedio para hacer “una
carrera seria”.
Si pide un sueldo decente y tiempo remunerado para leer, investigar,
preparar clases, evaluar o, simplemente, recuperarse de sus extenuantes
jornadas, le endilgan “falta de mística”.
Una maestra me contó que, en un congreso pedagógico, varios académicos
españoles declararon que los maestros de su país eran excelentes, en
tanto que otro objetó que no se podía generalizar, pues también había
maestros apenas buenos, otros regulares y algunos malos.
A la maestra mexicana dedicada a formar maestros como ella, le pareció
insólita la discusión porque aquí se parte de la generalización
contraria: los maestros son considerados pésimos; una caterva de
‘izquierdosos’, que hace paros para exigir reivindicaciones como salud,
vacaciones y pensión, y que protesta porque le aumentan el número de
estudiantes y la carga académica.
¿Estudiar pedagogía? Te vas a morir de hambre, es la reacción automática.
Ahora, ¿qué mexicano se enorgullece de tener un hijo maestro, como se ufana de tener hijos médicos o abogados?
Porque esa es otra representación social: maestro se asocia con sacrificio, apostolado, paciencia y pobreza.
O ¿qué maestro mexicano ha llegado a ser secretario de Educación, por ejemplo?
Tiene décadas que a esa estratégica posición llegan todo tipo de
profesionistas que pueden tener diplomas y entorchados hasta de
universidades extranjeras, pero que desconocen todo o casi todo de la
tarea educativa.
Hay ocasiones, incluso, en los que la Secretaría de Educación ha servido
para pagar favores o deudas políticas, no para impulsar el desarrollo
en un ámbito en el que nuestro país ocupa los últimos lugares en el
mundo.
¿Cómo hablar de reforma de la educación o de calidad educativa sin
poner, no sólo al niño, sino al maestro en el centro? ¿Es posible ser
buen maestro sin condiciones dignas de salud, salario y descanso, sin
horas para reflexionar, sin oportunidades de formación permanente y
sistemática, y sin voz en los escenarios donde se toman decisiones?
Por supuesto, los maestros no son todos perfectos. Ni apóstoles ni
héroes, pero tampoco villanos. Son ciudadanos, simplemente. Con un
oficio que casi a todos les gusta y que intentan hacer lo mejor posible,
pese a las dificultades. Los maestros tienen hijos, parejas, miedos,
sueños, y achaques —pues también se enferman- y con una vida fuera del
aula que afecta lo que enseñan al seno de ella.
El educador es de extrema importancia en una sociedad. Si aspiramos a
contar con los mejores, no solamente desde el conocimiento objetivo de
cada materia, el maestro debe ejercer ese liderazgo comunitario que
existía antes, porque cuando se hablaba de un docente usted veía en él
un ejemplo.
Mi homenaje, y espero que también el suyo, a los maestros en el día que la sociedad dedicó en su honor.
Índice Flamígero: Sobre el Día del Maestro, me escribe el psicoanalista
social José Antonio Lara Peinado, autor entre otros textos del libro El
Mal-Estar Docente: “En términos concretos y de acuerdo a nuestro trabajo
de investigación El Mal-Estar Docente y después de haber participado en
no menos de 20 congresos educativos nacionales e internacionales en los
últimos dos años, me queda claro que en términos educativos México
tiene esta realidad:
1) Hay un secuestro del discurso pedagógico. 2) No existe una teoría
Pedagógica Mexicana. 3) Hay en los centros escolares una degradación de
la conciencia colectiva. 4) Se está en el imperativo de los contenidos,
por lo tanto, no hay posibilidad de inculturarnos. 5) Hay una
desatención al Mal-Estar Docente. 6) Hay un fetichismo Pseudo Pedagógico
en las maestrías y doctorados. 7) El maestro está Des/historizado. 8)
En la educación se ha implantado la corrupción como un código práctico.
9) Las escuelas son industrias de aparentes conocimientos, desprovistas
de raíces humanistas y de un compromiso social y ético. ¿Quién está
atendiendo esta realidad? Nadie. Esta realidad no se resuelve con
pruebitas o evaluaciones de empresas privadas, no se resuelve con
discursos cada 15 de mayo, no se resuelve con documentales televisivos,
se requiere atender de fondo lo que pasa. Ya en varios congresos se ha
presentado la investigación: “La Pedagogía de los nadie” (una teoría
pedagógica mexicana). En esa investigación apunto el cómo resolver la
problemática antes planteada, espero pronto los políticos decidan
voltear a los académicos y que los académicos no quieran convertirse en
políticos, sólo así podremos caminar en la resolución del problema
educativo. No ha de olvidarse que los maestros son sólo el síntoma de lo
que está pasando en el país. Centrar en ellos la problemática educativa
es una forma cínica que tiene el gobierno de Calderón para justificar
su ignorancia sobre el tema.” + + + Anote usted: ya sólo faltan 200
días.
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