¿Todos los candidatos son iguales?
Pablo Moctezuma Barragán
Se acercan las elecciones presidenciales del 1 de julio y el
duopolio televisivo y las estaciones de radio han desatado una gran
campaña para crear la –falsa– percepción de que Enrique Peña Nieto va
muy arriba en las encuestas. Vicente Fox declaró que sería “un milagro”
alcanzarlo. Mientras que en la vida real, en las plazas, en todo el
país, crece la campaña de Andrés Manuel López Obrador y pone nerviosos a
quienes ya hicieron un fraude en 2006 y pretenden hacer otro en 2012
por si Andrés Manuel gana otra vez. Para imponer a Peña Nieto se usan
las encuestas y los “analistas” que las interpretan, que se han empeñado
–inútilmente– en colocar a Andrés Manuel en tercer lugar. A estas
alturas es claro que Josefina Vázquez Mota no es la favorita de las
cúpulas y que el 1 de julio se enfrentarán Peña Nieto y López Obrador.
Al mismo tiempo se agudiza la campaña para promover la abstención o la anulación del voto, con el argumento de que todos los candidatos son iguales, que “no hay a quien irle”, que los partidos son “una porquería” y la política y los políticos son sucios. Entre los inconformes se promueve la idea que votar en blanco es la mejor manera de rebelarse. Todo ello favorece única y claramente a Peña Nieto y a que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN) sigan arriba, amafiados, entregando al país a la oligarquía proyanqui y a las corporaciones extranjeras. En cada coyuntura es necesario realizar un análisis y tomar una decisión. ¿Votar? ¿No votar? ¿Por quién votar? No es una cuestión de principios, pero en las circunstancias actuales es claro que para evitar la ruina de México sí hay que votar y hay que hacerlo por López Obrador, al que han registrado los Partidos del Trabajo, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano. ¿Por qué es necesario? Hay varias razones.
En la jornada electoral de 2012 es necesario derrotar al PRI-PAN, que es responsable del rumbo actual que lleva México por muchas razones y apoyar a Andrés Manuel, por muchas otras. López Obrador está contra la privatización de Petróleos Mexicanos; Peña y Vázquez Mota, a favor de entregarla al capital extranjero. Andrés Manuel propone la soberanía alimentaria; Enrique Peña y Josefina Vázquez Mota seguirán destruyendo el campo. Andrés Manuel propone bajar los precios de la gasolina, el gas y la luz; el PRI y el PAN seguirán con los aumentos. Para los jóvenes hay oferta de “cero rechazados” de la educación superior y 7 millones de empleos; mientras que el PRI y el PAN han creado un ejército de ninis [ni estudian ni trabajan]. El salario –que gracias al PRI y al PAN en 30 años apenas alcanza el 20 por ciento del que era, y con Calderón ha caído el 42 por ciento– comenzaría a recuperarse, pues Andrés Manuel ha propuesto que los aumentos sean mayores que el alza de precios. El PRI-PAN ha generado otro ejército de desempleados: con el “presidente del empleo”, la desocupación en México creció 33.3 por ciento entre el último trimestre de 2006 y el de 2011, reveló el estudio Desempleo y empleo informal en México 2006-2011, elaborado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Según este análisis, la población desempleada pasó de 6.5 millones a 8.7 millones. Al mismo tiempo que se precariza el trabajo y hay 3 millones de niños que tienen que laborar. La política del PRI y del PAN, subordinados a los organismos financieros internacionales y a acuerdos con Estados Unidos, ha dado resultados catastróficos, por eso hay que votar y derrotarlos.
Pero la razón más poderosa que nos conduce a optar por López Obrador es que el imperio yanqui está a punto de intervenir directamente en México con tropas. Y este candidato ha rechazado tajantemente la idea, así como rechaza las bases militares extranjeras en México. Además se ha manifestado contra la militarización del país y porque el Ejército regrese a sus cuarteles.
Estamos en el siglo XXI, vivimos tiempos y circunstancias nuevas.
Todo ha cambiado con respecto al siglo pasado, pero mucha gente sigue
anclada. Si en el siglo XX Estados Unidos buscó y logró la integración
económica de México y su subordinación con el Tratado de Libre Comercio
de América del Norte, ahora en el siglo XXI no le basta la subordinación
económica, necesita el control directo, físico, de nuestro territorio,
una integración política y militar. La anexión.
El imperio estadunidense está en decadencia, en descomposición, y
compensa la pérdida de competitividad económica con su predominio
militar. Busca luchar por la construcción de un nuevo proyecto imperial,
un nuevo reparto del mundo, de las fuentes de materias primas, mercados
y mano de obra barata. Quiere que los mexicanos le proporcionemos todo
esto. Pero también nos quiere como carne de cañón. Estados Unidos tiene
una salida para la crisis, la que busca siempre: la guerra. Ya intervino
en Libia, va tras Siria para acceder a Irán y estar en condiciones de
enfrentarse ¿a China? Por otra parte agudiza las contradicciones con
Rusia y con países de Suramérica, como Venezuela. En sus planes de
guerra necesita tener asegurada una plataforma y controlar
territorialmente tanto a Canadá como a México. El control directo de
Canadá y México están planteados explícitamente en los documentos del
Comando Norte, que se constituyó en octubre de 2002, en los que plantea
que todo el territorio de América del Norte debe actuar bajo el mando
unificado del Pentágono, desde el Norte de Alaska hasta el Sur de
Chiapas. Además del petróleo y la mano de obra en condiciones de
esclavitud moderna, Estados Unidos quiere sangre mexicana para sus guerras.
El siglo XXI comenzó con una gran regresión al llegar al poder el partido más retardatario y extranjerizante que se creó en 1939 como reacción a todas las medidas progresistas del cardenismo. El PAN ya en el gobierno federal firmó, con el aval del PRI, la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte y la Iniciativa Mérida, que fundaron la base para la integración militar y la acción de fuerzas militares y policiacas de Estados Unidos dentro del territorio mexicano. Todo ello en su proyecto de integración militar en curso.
Para lograr sus objetivos estratégicos, la Casa Blanca cuenta con
la incondicionalidad del gobierno del PAN y el apoyo del PRI, por eso
apoyaron el fraude electoral en 2006. A partir de 2009, con la
administración de Barack Obama comienza una ofensiva sin precedente para
la integración militar de México: la apertura de la Oficina Binacional
de Inteligencia en Paseo de la Reforma 265, donde actúan el Pentágono,
la Armada de Estados Unidos, la Central Intelligence Agency, la DEA
(Drug Enforcement Administration), el Federal Bureau of Intvestigation,
el Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives at the Frontlines
Against Violent Crime, en pleno territorio nacional. La integración de
la Armada mexicana a las maniobras navales Unitas 50-09 en Mayport,
Florida, en abril de 2009; la aceptación de “drones”, aviones no
tripulados de Estados Unidos, en cielos mexicanos; la aprobación del
proyecto de aduanas internas de Estados Unidos en territorio mexicano,
la formación de una base militar en San Salvador Chachapa, Puebla,
disfrazada como Académica de Formación Policial (construida en 22
hectáreas de reserva ecológica, en la que el 10 de mayo de 2011 Keith
Mines, militar estadunidense que dirige la Iniciativa Mérida, puso la
primera piedra), los militares estadunidenses que actúan en bases al
Norte de México (New York Times, 8 de agosto de 2011). Por otra
parte, el 15 de diciembre de 2011 entró un convoy estadunidense a
Matamoros, Tamaulipas, por el puente internacional
Matamoros-Brownsville. Los militares permanecieron por cuatro horas en
el lugar.
Junto a la integración militar, el gobierno de Calderón acordó con Obama-Clinton la explotación “conjunta” de los yacimientos transfronterizos en el Golfo de México, lo que entrega a las corporaciones gringas la explotación de enormes riquezas petroleras y pisotea la Constitución. En los meses recientes la intervención yanqui en México ha alcanzado niveles sin precedente. Las violaciones a la Constitución han sido la norma y no la excepción.
La guerra de Calderón no es si no la guerra de Washington, que
tratan de llevar a cabo sus operadores, quienes en un futuro pretenden
seguir el mismo curso. Tanto el PAN como el PRI –a través de sus
candidatos presidenciales Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto–
han prometido seguir la guerra. En octubre de 2006, la DEA le recetó la
guerra a Calderón través de Karen Tanden. Estados Unidos inició la
guerra, ellos le dan armas a los capos a través de operativos infames
(Rápido y Furioso, Receptor Abierto y Arma Blanca son botones de
muestra) pero ahora el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon
Panneta, asegura que 150 mil personas han perdido la vida, en la
declaración que hizo luego de la reunión que sostuvo con los ministros
de Defensa de Canadá y México, Peter Mackay y Guillermo Galván,
respectivamente, así como con el secretario de Marina, Francisco Saynez
Mendoza. Durante el encuentro, uno de los principales temas fue la lucha
contra el narcotráfico. El gobierno de Felipe Calderón sólo ha
reconocido 47 mil 500 personas muertas a consecuencia de la violencia
del narcotráfico. Por otra parte, el general Chales H Jacoby, jefe del
Comando Norte, declara que es “inaceptable” que en 2011 hayan habido 13
mil muertos en México. Primero incitan a la guerra, para luego mostrar
la ineficiencia del “Estado fallido” mexicano y así tener el pretexto de
intervenir.
¿Y cuál ha sido el resultado de la guerra contra el narco? El 3 de
abril en la Cumbre Norteamericana (de Estados Unidos, México y Canadá),
Obama declaró, preocupado: “Vemos que el poderío del narcotráfico en su
totalidad está creciendo en países que son cercanos a nosotros […], eso
tendrá un impacto sobre la capacidad que nosotros tenemos de realizar
negocios en esos países; quizá tenga un efecto-contagio que afecte a los
estadunidenses, puede afectar a los turistas y puede tener un efecto de
deterioro sobre la naturaleza misma de nuestras relaciones[…]. Creo que
deberíamos preocuparnos por lo que ocurre en México y América central,
porque cuando hay familias, mujeres, niños inocentes que son
acribillados en las calles eso es un problema de todos, no solamente es
un problema de ellos.”
Es decir que paso a paso crean las condiciones para una intervención más abierta en México, por eso hay que votar y cuidar la elección porque es importante que en 2012 México cuente con un gobierno como sería el de Andrés Manuel López Obrador. Éste frenaría la guerra y el proceso de integración militar con los vecinos del Norte, que buscan que México los apoye en sus guerras y que nuestros hijos y nietos sean carne de cañón de los ejércitos imperiales. Luego de un gobierno de guerra, queremos un gobierno de paz, uno que respete el Artículo 89 de nuestra Constitución, que defiende la solución pacífica de los conflictos, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención.
*Vocero del Congreso de la Soberanía y dirigente de Mexteki
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