Contralínea
Peña y Videgaray aceleran la crisis heredada
Álvaro Cepeda Neri *
No se puede negar que el calderonismo dejó al país hecho un desastre con respecto a la política económica, con una desesperación social en aumento por la pobreza que raya en hambruna; con más de 100 mil homicidios, secuestros al por mayor, cuantiosos feminicidios, prostitución forzada de mujeres, niños y adolescentes; y cientos de miles de desplazados por el auge del narcotráfico a pesar de los capos capturados. Del foxismo al calderonismo, en la llamada docena panista, la nación fue de mal en peor tras el salinismo-zedillista, que inauguraron la agenda del neoliberalismo económico y cuyo programa devastador se ha ido imponiendo a través de los últimos 4 sexenios presidenciales. Esa agenda empresarial contra los sindicatos, las conquistas sociales y el desprecio a la democracia directa está siendo llevada hasta sus últimas consecuencias por el peñismo de Videgaray y Pedro Aspe, la mancuerna que convertirá la economía, lo social y lo político en una competencia a la luz de la divisa: “¡sálvese el que pueda!”
Es claro que el peñismo heredó esa crisis, pero se ha encargado de agudizarla, no tanto por falta del previsiones, sino por una consciente intención de que el Estado y sus instituciones han de reducirse, y que tras las contrarreformas de Peña, Videgaray, Aspe y el Chuchismo (a través del Pacto, no por México, sino por Peña) la sociedad acate lo que le tienen reservado: salarios a la baja y con menos capacidad de compra por el aumento constante de precios, y el desempleo, no solamente de los que no entran al mercado laboral, sino de los que, teniendo una plaza, están siendo despedidos. Se trata de llevar al país al neoliberalismo económico despiadadamente para “disciplinar” a ese pueblo y que se someta al autoritarismo peñista que no tarda en preparar, apuntar y disparar a los maestros disidentes, mientras encarcelan a los auténticos guardias comunales que se defienden de los criminales, de los marinos, de los soldados y de la policía.
Los mismos banqueros, los empresarios y
los capitalistas del modelo financiero, con otros inversionistas
nativos y extranjeros, han estado dando gritos de alarma en el sentido de que la nave estatal hace agua y hay visos de hundimiento. Contra viento y marea
se aprueban las contrarreformas peñistas, todo con un factor común: son
modificaciones laborales para obligar a los trabajadores de todas las
actividades, empezando por los maestros y arrastrando a los demás
asalariados, a tener que aceptar el final de sus conquistas laborales.
Si las circunstancias lo permiten, Peña, Videgaray y Aspe introducirán
contrarreformas al Artículo 123 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos una vez que hagan lo mismo con los artículos 27
y 28 para privatizar Petróleos Mexicanos. Estamos en el período peñista
de aprovechar la crisis heredada del calderonismo para darle más vueltas a la tuerca
de la opresión económica, social y política, para plantear la
alternativa de que la nación se someta al neoliberalismo económico o que
el pueblo se decida a ejercer la democracia directa como en Brasil o
Chile, como en Egipto, Grecia o España.
*Periodista

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