viernes, 13 de enero de 2012

Los criminales no pueden ser perdonados

¡¡Exijamos lo Imposible!!  
Ernesto Zedillo NO debe ser perdonado
María Teresa Jardí   
Parecía imposible que el usurpador lograra pasar del medio centenar de asesinados de maneras cada vez más inconcebibles, incluso pensando en la maldad que puede reinar en el ser humano cuando se le entrena para desatar en él sus más bajas pasiones. Pero ya lo logró el PAN, con su cara usurpadora fecalista también impensable para los que no han sufrido una dictadura.

Y logró el PAN llegar a más de 60 ejecutados cada día de manera bestial, acorde con la condena que pesa sobre el país que tiene a la brevedad que deshacerse de los cada vez más pobres que como la mala hierba se multiplican en la misma medida en que el puñado de beneficiados con la situación en marcha se convierten en los más ricos del planeta, destacando, entre ellos, los ocupados en las dos profesiones más rentables hoy en México: la de narcotraficante y la de político. Profesiones en las que ya no se distingue cuáles son los unos y quiénes los otros. Aunque podamos opinar, como Kate del Castillo, que, por supuesto, “El Chapo” lo haría mejor que Calderón y, quizá, tendría más posibilidades de reivindicarse que quien usurpando desata una guerra bestial que ya llega a las puertas del Distrito Federal porque así conviene al proceso electorero que no logra sumar a “la prole” que a lo único que aspira, aunque tampoco tenga lo que hay que tener para concretar sus aspiraciones, es a que se vayan todos y la dejen en paz resolver los cotidianos problemas que enfrentan los hombres y mujeres comunes y corrientes para conservar la salud y tener un trabajito que le permita, aunque sea, poner alimentos en la mesa cada día y poder enviar a los hijos a la escuela.

Los criminales no pueden ser perdonados. No puede ser, porque detrás de impresentables como el usurpador y como Zedillo e incluso como Salinas, hay una carga de corrupción inaceptable, que es lo que va llevando al precipicio a países como el nuestro a los que se les ha cancelado el futuro que bajo los mismos paradigmas no puede ser cambiado.

No debe ser perdonado Ernesto Zedillo, llegado sin agotar la primera línea de investigación en todo crimen que se quiera resolver, que es la de a quién beneficia. Autor del golpe de Estado a la Corte para convertirla en el mamotreto de derecha que hoy resuelve a modo de los que, con sueldos inmorales, tienen comprados a los ministros.

Autor asimismo de la conversión de la PGR en institución cobradora de venganzas, dando al traste también a lo poco que quedaba de la debida procuración de la Justicia. Desarmador de la estructura ética de las instituciones. Y por si fuera poco autor del regreso de los grupos paramilitares que hoy, a lo bestia, operan con Calderón, es Ernesto Zedillo Ponce de León.

Puede ser que en una investigación, que se hará algún día, Zedillo no resulte ser, a pesar de haber sido el único beneficiado por el crimen atroz, el autor intelectual del asesinato de Colosio. Puede ser. Pero que Ernesto Zedillo es el responsable de la vergonzosa Suprema Corte de Justicia de derecha fascista, que hoy entre abogados y personas que no son abogados se conoce como “la tremenda Corte Impartidora de Injusticia”, es tan cierto, como que es el propiciador de la creación de los grupos paramilitares que en ACTEAL actuaron de manera siniestra con el consentimiento de autoridades locales y federales.

Y siendo gravísimo lo que la Corte hoy exhibe. No es el único daño al Poder Judicial que hasta antes de Zedillo, de vez en cuando, impartía la Justicia, que hoy los jueces niegan a los que no tienen para pagar por ella aunque gocen de juristas comprometidos en su defensa.

Basta para entender que Zedillo es el promotor del regreso de los paramilitares en México, con revisar la prensa de aquellos primeros días, del peor, antes de los panistas, desgobierno sufrido por los mexicanos desde la Conquista.

Hechos, documentados por la prensa, en los que la crónica anunciaba el retroceso del país, al punto de que México pelearía con el Haití, de entonces, por el último vergonzoso lugar en todo. Lo que dije en una Acción Urgente, por cierto, en ese momento, en el instante mismo en que Zedillo, por odios personales, quiso detener al subcomandante Marcos, en lugar de cumplir con los Acuerdos de San Andrés. Y ahora, como salta a la vista, a pesar del huracán devastador y de la mala suerte, congénita se puede decir, que acompaña a los haitianos, queda claro que éstos ya se ubican muy por encima de los mexicanos en seguridad, entre otras cosas.

Ni perdonando, ni mintiendo, a lo que me referiré el domingo, es que puede alcanzar el perdón Zedillo. No puede alcanzar el perdón, porque, además de lo anterior y mucho más, es el iniciador del desarme final de la estructura ética de las instituciones, que a México mantenían, con altas y bajas, como república soberana.

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