Miranda de Wallace: el “dedazo” vivo
Por: Redacción
Las fotografías del “destape” anunciado de Isabel Miranda de Wallace
evidencian que algo está muy mal en el PAN y que, como han dicho muchos
de los propios panistas, en ese partido no sólo se ha caído en la
simulación, sino que realmente muestra que sus cuadros –al menos en el
Distrito Federal– no son suficientemente atractivos para los ciudadanos
de la capital y, por tanto, con ellos no puede ganar una elección.
A la activista, ahora candidata del Partido Acción Nacional a la
Jefatura del Gobierno del Distrito Federal, le levantaron la mano el
propio presidente nacional del blanquiazul Gustavo Madero Muñoz; los precandidatos panistas a la Presidencia de la República, Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel Miranda y Ernesto Cordero y, para vergüenza de ellos mismos, quienes durante todo 2011 “trabajaron” por esa misma candidatura: Gabriela Cuevas Barrón y Mariana Gómez del Campo Gurza –militantes en el panismo prácticamente desde la adolescencia–, además de Carlos Orvañanos Rea,
un neopanista que desde el 24 de noviembre pasado dejó el cargo de
delegado en Cuajimalpa para buscar la candidatura del GDF por el
blanquiazul.
Los otros aspirantes, los que se rebelaron ante la designación de la presidenta de “Alto al Secuestro”, Demetrio Sodi de la Tijera y José Luis Luege Tamargo,
se negaron por dignidad a salir en la foto. Pero fuentes del PAN nos
dicen que fueron “disciplinados” desde la noche del 11 de enero. Así que
su molestia se la llevaron para rumiarla solos y por los rincones.
En esas fotografías todos aparecen felices, sonríen todo el tiempo,
levantan el puño, todos plegados a una decisión que, sorpresiva al
principio, se entiende perfecto en el contexto de la amistad de la
señora Miranda de Wallace con el presidente Felipe Calderón Hinojosa, a quien ella le ha confesado su admiración en público.
El 10 de junio de 2011, en Baja California Sur, en una gira con el Presidente, Isabel Miranda
–invitada frecuente a ceremonias oficiales del gobierno federal– dijo:
“Siempre he admirado al Presidente de la República. Aunque a veces me
critiquen y me digan que lo defiendo, pero creo en esta lucha que él ha
emprendido, creo en sus valores, señor Presidente. Creo que ha luchado
contra viento y marea en tiempos difíciles, políticos. Y qué pena que
algo tan noble como esto también se lleve a la política”.
También es muy especial su cercanía con el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, a quien defendió cuando, en mayo de 2011, el poeta Javier Sicilia,
líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, pidió que el
funcionario renunciara. El pasado 9 de diciembre de 2011, al presentar
su libro Para entender el nuevo modelo de seguridad para México, el propio García Luna le
respondió la “cortesía”: “México tiene algo muy valioso que es su
sociedad… a un país lo transforma su comunidad, y que prueba de ello es
lo realizado por Isabel Miranda de Wallace”.
El dedo de Los Pinos nuevamente dispone en el PAN. Ahora, convertido
en el gran elector, se decantó por una ciudadana no afiliada a ese
partido, bajo un argumento de apertura que suena realmente hueco. También, se lee entre líneas, para introducir en la Ciudad de México, la
más segura del país durante este sexenio, justo el tema de la
inseguridad y la defensa de la guerra del Presidente contra el crimen
organizado.
No se demerita en nada la lucha personal de la señora Miranda de Wallace
en el tema de la inseguridad, pero tampoco se aplaude que el PAN, por
dedazo y por la incapacidad o sumisión de sus propios cuadros para
pelear por el DF –el gran bastión del perredismo–, proponga a alguien
sin la mínima experiencia para gobernar una de las ciudades más grandes y
complicadas del mundo. La medida evidencia irresponsabilidad y muestra
que el Presidente no sólo decide sobre el rumbo de su partido, sino que
lo hace sumido en la desesperación.
El mismo Sicilia lo resume de este modo: “el PAN utiliza a Isabel Miranda de Wallace sólo para allegarse votos”.
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