Proceso:
El cuento del complot

HOMERO CAMPA y J. JESUS ESQUIVEL
La versión de Washington acerca del presunto plan iraní para asesinar al embajador saudita Abdel al-Jubeir en territorio estadunidense en colaboración con “un cártel mexicano” no ha resultado del todo creíble ni en Estados Unidos. Lo cierto es que el caso exhibe de nuevo los afanes belicistas de la administración Obama, que no oculta sus ansias por atacar a la República Islámica de Irán. El supuesto contacto en Estados Unidos para llevar a cabo el plan iraní, Manssor Arbabsiar, es un “perdedor” incapaz siquiera de organizar su propia vida, según sus conocidos. El propio New York Times lo admitió en su edición del jueves 13: Arbabsiar “parece ser más un oportunista con mala suerte que un asesino calculador”.
La fuerza Quds, considerada la unidad de élite más sofisticada de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, habría dejado en manos de “un fracasado” e “inútil” el supuesto plan de matar en Washington al embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos, Abdel al-Jubeir.
Según sus amigos, Manssor Arbabsiar, a quien el Departamento de Justicia acusa de ser el operador del plan, es un tipo amable, pero inestable, desorganizado, sin futuro… un perdedor.
En Estados Unidos, The Washington Post y The New York Times publicaron en sus ediciones del jueves 13 fragmentos biográficos y datos sobre la personalidad de Arbabsian, pieza clave de un supuesto complot que expertos ponen en duda pero que volvió a tensar las relaciones entre Washington y Teherán, gélidas desde hace tiempo.
Este episodio evidenció que las agencias estadunidenses no tuvieron empacho en utilizar territorio mexicano para seguir al presunto terrorista, toda vez que el supuesto complot se habría acordado en México.
Manssor Arbabsiar nació en Irán hace 56 años. Los últimos 30 los ha vivido en Estados Unidos, en el estado de Texas. Estudió por un tiempo ingeniería mecánica en la Universidad A&I. Se casó con una mujer de origen latino de nombre Esperanza, con quien procreó dos hijos. Se dedicó a la compra-venta de autos y puso un restaurante en la ciudad de Corpus Christi, aunque hasta su detención, el 29 de septiembre, vivía en Round Rock, cerca de la ciudad de Austin.
Obtuvo la ciudadanía estadunidense gracias a su matrimonio con Esperanza, de quien se divorció en 1987. La mujer obtuvo una orden de una Corte estatal que le prohibió acercarse a sus hijos. Años después se volvió a casar.
Algunos conocidos señalan que Arbabsiar “fumaba mariguana y tomaba alcohol con frecuencia”. Además, “tenía fama de mujeriego”. Una noche de 1981, en Houston, un hombre lo atacó con un cuchillo. Pensaba que el iraní quería quitarle la novia. Desde entonces trae la marca de una cuchillada en el rostro. Sus amigos le dicen Scarface (cara cortada).
En 2001 Arbabsiar fue acusado de fraude por emitir cheques sin fondos y tres años después la policía lo arrestó por conducir con una licencia de manejo irregular.
“Incursionó en varios negocios: venta de caballos, helados, autos usados, emparedados… pero en todos fracasó, dicen sus amigos”, según la nota publicada por The New York Times.
Ellos lo describen como inestable, desorganizado: “Se ponía calcetines de diferente color. Siempre perdía las llaves y el celular. No tiene la capacidad para llevar a cabo el plan” que Washington le achaca, dijo al diario neoyorkino Tom Hosseini, su amigo y excompañero de la universidad.
“Sam Rgsdale, quien tiene un negocio de venta de autos en Corpus Christi, usa una sola palabra para describir a Arbabsiar: un inútil”, señala The New York Times.
El diario añade que este hombre “parece ser más un oportunista con mala suerte que un asesino calculador”.
La historia oficial
No sólo el perfil de Arbabsiar despierta suspicacias; también la historia del supuesto complot. El Departamento de Justicia filtró a los medios estadunidenses la declaración jurada del agente especial del FBI Robert Woloszyn, la cual sustenta el encausamiento judicial asentado en la Corte Federal del Distrito de Manhattan.
De acuerdo con este documento, a principios de la primavera pasada Arbabsiar viajó a Teherán para visitar a su familia. Se encontró ahí con uno de sus primos, quien supuestamente es un importante oficial de Quds, la unidad de operaciones especiales de la Guardia Revolucionaria Islámica.
En la charla, Arbabsiar presumió que, “como resultado de sus negocios tanto en México como en Estados Unidos, conocía a personas que viajaban entre los dos países, algunos de los cuales creía que eran narcotraficantes”.
Su primo le pidió trabajar para él y le propuso contratar a alguien que “pudiera secuestrar” al embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos. “Tú deberías encontrar a alguien en el negocio del narcotráfico, porque la gente en ese negocio está dispuesta a realizar una actividad criminal a cambio de dinero”, le habría dicho su primo.
Según esta versión, Arbabsiar regresó a Estados Unidos y a partir de ese momento sus gastos corrieron a cargo de su primo (identificado sólo como Oficial Iraní No. 1) y del asistente de éste, Ali Gholam Shkuri, a quien el documento señala como coacusado.
De acuerdo con la citada declaración jurada, el 24 de mayo último Arbabsiar viajó de Texas a México para reunirse con un supuesto “socio” de un cártel mexicano del narcotráfico “grande, sofisticado y violento”. El documento no menciona el nombre de la organización –aunque los medios estadunidenses señalaron a Los Zetas– ni el nombre del presunto “socio”, a quien se identifica como CS1, y que en realidad resultó ser un informante de la agencia antinarcóticos de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) que todo el tiempo actuó siguiendo las directrices del FBI.
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