Por Ricardo Andrade Jardí
Dice la OEA que “el IFE es la institución más sólida, fuerte, de Latinoamérica”. La OEA, el organismo continental que durante años no ha hecho otra cosa que reconocer gobiernos impuestos por golpes militares, mediáticos o políticos, defiende ahora al IFE, lo que no es una buena noticia para nadie. Las vomitivas declaraciones de la OEA confirman una sospecha de sentido común: el imperio yanqui esta detrás del madrugete priísta y la imposición del candidato idiota de la telecracia.
Peña Nieto, que no rebuzna porque no alcanza ni la tonada, será el presidente de los mexicanos porque el imperio lo ordena y la telebasura lo ha construido a su imagen y semejanza, con una diferencia, Peña Nieto, nunca jamás estará en el selecto círculo oligarca del poder real. Peña Nieto nunca tendrá el poder. Su trabajo será construir un Ejecutivo de telenovela, para que mientras se distrae a la enajenada teleciudadanía, los hijos de la segunda mujer de Vicente Fox, los líderes petroleros y los achichincles de “la maestra” legislen en favor de la concentración de poder político para los nuevos, pero viejos amos, de la democracia.
Es difícil calcular lo que sucederá en los próximos meses. La telecracia seguirá atizando la hoguera con la esperanza de desatar la violencia que les justifique lo que tanto esperan: el poder hacer uso brutal de la fuerza pública para cercenar hasta donde sea posible la unidad popular en contra de la restauración de la dictadura perfecta. Para poder perseguir a toda voz brillante y valiente que se oponga a ser gobernada por Chabelo. Los planes de la telebasura sólo son posibles si se desmantela el enorme movimiento social que se opone a reconocer los resultados de una elección, que no fue ni ejemplar ni limpia ni libre ni certera...
A quienes estuvimos solidariamente con MORENA como representantes de partido en las casillas el 1 de julio, que somos testigos de toda la maquinaria de compra de voto y del voto presionado que utilizó el PRI para cumplir con el compromiso de “la maestra” de garantizar 5 millones de votos para el candidato Peña Nieto, nadie puede decirnos que no sucedió lo que vimos y, vivimos y tenemos fotografías y videos de la marea roja en las casillas, de los golpeadores fuera de las mismas, de los operadores con el dibujo de una “familia” en la playera con los colores del PRI acarreando a la gente e incluso marcando las boletas de los ciudadanos a los que acarreaban, a los ciudadanos que salían de la mesas de votación enseñando su elección antes de depositar su voto en las urnas y a los representantes del PRI y del Verde quienes rápidamente los apuntaban en una lista aparte de las llamadas “casa amiga”; existen de todo eso los registros y los escritos de incidencia. Somos testigos de cómo los operadores del PRI se presentaban como del jurídico del IFE, sin identificarse nunca, de cómo intentaban obligar, y en muchos casos lo lograron, a los funcionarios de casilla para que dejaran votar a tal o cual ciudadano aunque la fotografía de la credencial fuera notoriamente de otra persona o no estuviera en el padrón electoral. Sabemos también de compañeros a los que los priístas les arrebataron o les robaron la lista nominal que tenían como representantes de casilla. Lo que al principio nos pareció una estupidez más de los priístas. Pero ya en los cómputos distritales fue claro el porqué y el para qué, ya que al abrir los paquetes electorales, los “consejeros ciudadanos” del distrito 3 federal en Yucatán, cuando menos, no nos permitían ver las listas nominales ni el acta de escrutinio de la elección presidencial, y fue hasta que detectamos que los votos de una determinada casilla no coincidan con datos que pudimos verificar, no gracias al IFE, que comprendimos que todo el computo distrital estaba armado para validar una elección de nueva cuenta dudosa sin que los representantes de partido pudieran verificar si los ciudadanos que emitieron su voto en una determinada casilla coincidían con los votos en el paquete electoral. Más dudosa es la elección por el hecho de que las cuentas en las actas de casilla en poder de los partidos no dan los mismos resultados que los que el software Hildebrando del IFE arroja, lo que tampoco debería sorprendernos, pues es posible que los seguidores de Peña Nieto no sepan leer ni tampoco deben saber contar. La estupidez tecnócrata puede ser contagiosa.
Así pues las declaraciones de la OEA, más que ser un apoyo al corrupto y decadente IFE, confirma por un lado que el candidato de la telecracia es también el candidato del imperio y las oligarquías antidemocráticas del continente (no deja de sorprender hasta dónde llegan los corruptos y corrompidos tentáculos de Televisa) y por otro lado lo que ya algunos gobiernos del UNASUR declaraban hace unos meses: que la OEA está superada y que es un organismo que fungió mucho tiempo como un instrumento de control yanqui sobre los gobiernos de Latinoamérica, en otras épocas, y que hoy sólo sirve como un instrumento para reconocer gobiernos y gobernantes golpistas.
La imposición de Peña Nieto está orquestada desde muy arriba y sólo un pueblo bien organizado y unido será capaz de frenar los intentos oligarcas por restaurar la dictadura porque de lo contrario habrá que prepararnos para la espeluznante pesadilla que durará mínimo cien años más.

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