(Segunda Parte)
Segunda parte del reportaje publicado en la edición No. 1862 del semanario Proceso.
Consulta la primera parte aquí.
“Frontera de lo Ilegal”
“La misma operación del 2005 se repitió
en las elecciones federales de 2009, cuando el PRI recuperó la mayoría
de municipios y diputaciones federales en el Estado de México y en 2011,
durante la elección de Eruviel Avila, considerada el antecedente más
importante de la elección del 2012”, recuerda Bernardo Barranco, ex
consejero estatal del IEEM y que encabezó la observación ciudadana en
los comicios del año anterior.
“Las elecciones de Peña Nieto siempre han
estado en la frontera entre lo legal y lo ilegal por el rebase de topes
de gastos de campaña. Es una estrategia probada ya por el PRI
mexiquense. Eruviel rebasó ampliamente los 236 millones de pesos de tope
de gasto”, recuerda Barranco.
La diferencia de los casos anteriores con
la elección del 1 de julio de 2012 es que ahora, la ventaja de Peña
Nieto sobre el segundo lugar, Andrés Manuel López Obrador, es poco menos
de 7 puntos, mientras que en 2005, 2009 y 2011 el PRI aventajó por más
dos dígitos. El escenario que fueron promoviendo las encuestas que se
difundieron a lo largo de estos 90 días de campaña y que no se cumplió.
En las
elecciones federales de 2009, en el punto más alto de la promoción
televisiva de Peña Nieto en Televisa, el PRI arrasó en el Estado de
México y Peña Nieto se adjudicó varios triunfos en los comicios
estatales de la jornada del 5 de julio.
En el Estado de México, el tripartidismo
se borró. El PRI recuperó los municipios del “corredor azul” que
gobernaba el PAN (Naucalpan, Tlanepantla) y los del oriente gobernados
por el PRD. Las izquierdas perdieron ese año 32 presidencias
municipales, incluyendo los municipios más poblados del estado como
Ecatepec, Chalco, Ixtapaluca, Metepec, Netzahualcóyotl, Los Reyes La Paz
y Valle de Chalco.
El “carro completo” priista revivió como
consigna en el Estado de México. En el congreso local, Peña Nieto
recuperó el control político: de 19 diputados priistas en 2006 pasó a
39. A nivel federal, el PRI mexiquense conformó la bancada estatal más
grande: 40 legisladores. Y a nivel municipal, el tricolor pasó de
gobernar 72 ayuntamientos a tener 97 de un total de 125 municipios.
La participación electoral en el Estado
de México fue de 51.20 por ciento y el PRI obtuvo el 39 por ciento de
los sufragios, sólo superado por Veracruz, donde el entonces gobernador
priista Fidel Herrera operó para que el PRI obtuviera el 45.2 por ciernto
de los votos.
Peña Nieto se convirtió en el “gran
padrino” de varios triunfos estatales ese año. En Nuevo León apoyó al
candidato priista a gobernador Rodrigo Medina, junto con el apoyo de las
repetidoras estatales de Televisa y TV Azteca. El apoyo financiero del
Estado de México llegó a través de Felipe Enríquez, compadre de Peña
Nieto. Fue el mismo que operó en Quintana Roo y en Yucatán, a favor de
dos aliados peninsulares del peñismo: los mandatarios Félix González
Canto e Ivonne Ortega.
El mandatario mexiquense también apoyó a
Aristóteles Sandoval, el candidato priista que recuperó en 2009 la
capital de Jalisco para el tricolor, y en 2012 le ganó al PAN la
gubernatura.
2011, la Elección más Cara de Peña Nieto
En 2011, con Eruviel Avila como candidato
priista a gobernador, el dispendio fue escandaloso. El tope de gastos
fue de 204 millones de pesos por candidato, a pesar de que ya estaba
prohibida la compra de spots en medios electrónicos. Fue una
campaña más corta (45 días) que no adoptó el modelo de de reforma
electoral federal del 2007 que recortó los gastos de las campañas
locales.
“Si en el Estado de México se hubiese
adoptado el modelo de la reforma federal de 2007, el tope de gastos de
campaña para el gobernador hubiera sido de 41 millones de pesos, no de
204 millones de pesos”, recordó Bernardo Barranco, autor del Dictamen Ciudadano de Vigilancia Electoral.
La elección de Eruviel Avila se consideró
una de las más caras en América Latina. El costo por voto se calculó en
598 pesos (50 dólares), debido al alto nivel de abstencionismo y
dispendio de los partidos, advirtió un estudio de las Fundaciones
Internacionales Electorales para Sistemas (IFES, por sus siglas en
inglés).
La cifra fue muy similar al cálculo del
presidente de la Coparmex metropolitana, Marco Antonio Gutiérrez, quien
advirtió el 26 de mayo de 2011 que el voto en el Estado de México será
de 60 dólares. Es “una grosería, un insulto para el pueblo”, advirtió
Gutiérrez.
Estas cifras contrastaron con el costo
por voto de las elecciones federales de 2009, cuando Peña Nieto también
recuperó el control político del Estado de México, al ganar la mayoría
de los ayuntamientos y de los escaños para diputados federales y
locales. El costo fue de 17 dólares por voto.
El rebase de topes de gastos de campaña
tampoco contó en el litigio poselectoral. El dispendio de Eruviel Avila,
candidato del PRI-PVEM-Panal se reflejó en espectaculares, bardas,
estaciones del metro, autobuses, paraderos, taxis, metrobuses.
Avila prometió que recompensaría con
autos y puestos públicos a los militantes que promovieran el voto para
su partido. Y también los priistas repartieron tarjetas como la Efectiva, para coaccionar el voto a favor del ex alcalde de Ecatepec.
La coalición Unidos por Ti, que postuló
al perredista Alejandro Encinas, presentó dos peritajes ante el IEEM
para acreditar el rebase de topes de gastos de campaña. En perito
Francisco Fuentes Villalón estimó en 571 millones de pesos el gasto en
espacios publicitarios, en “utilitarios” (encendedores, gorras, camisas,
costureros, mandiles etc) y organización de mítines. El segundo
peritaje, incluyendo gasto en espectaculares, fue de 1 mil 604 millones
de pesos. Ambos fueron desechados por el IEEM.
Más abrumadora que la publicidad de Avila fue la del gobierno del Estado de México y la de Peña Nieto. Así lo consignó el Dictamen Ciudadano de Vigilancia Electoral:
“La publicidad del gobierno del Estado se
mantuvo durante casi todo el proceso electoral, hasta que tardíamente
el TEPJF ordenó el retiro de ella, a unos días de la elección. La
presencia del gobernador en los medios, sobre todo electrónicos, fue
omnipresente. Las prácticas que durante décadas fueron utilizadas para
garantizar la permanencia del partido en el poder se mantuvieron durante
la competencia electoral en el estado”.
Eruviel Avila cumplió con el “modelo
ganador” ensayado por Peña Nieto. La coalición “Unidos por Ti” que lo
postuló obtuvo 3 millones 45 mil votos, que representó el 64.93 por
ciento, mientras que Encinas tuvo 1 millón 30 mil votos, 21.98 por
ciento, y el panista Luis Felipe Bravo Mena sólo registró 603 mil votos,
el 12.86 por ciento. Más de 40 puntos de ventaja.
El abstencionismo también fue mayúsculo:
57 por ciento de los votantes empadronados no acudieron a las urnas, es
decir, más de 6 millones de ciudadanos.
El Dictamen Ciudadano de Vigilancia Electoral analizó así la victoria peñista en las elecciones estatales:
“El triunfo de Eruviel Avila con márgenes
superiores a lo esperado tuvo diversas explicaciones. Una de ellas fue
que reflejó la cantidad de recursos gastados por su partido para ganar
la elección, fueran o no permitidos por la ley. De alguna manera, los
resultados y los medios de que dispuso el PRI para esta elección lo
hicieron ver como el ganador indiscutible. Sin embargo, la cifra más
contundente de esta elección fue la abstención. Esta reflejó el rechazo
de la ciudadanía a las formas de operar de los partidos y del gobierno”.
Tanto el PAN como la coalición
PRD-PT-Convergencia impugnaron legalmente la elección. No pudieron
acreditar el exceso de gastos por falta de monitoreo de medios y las
revisiones precautorias de gastos de campaña. El margen de más de 40
puntos de ventaja del PRI hizo prácticamente imposible la posibilidad de
anular la elección por el dispendio.
El artículo 299 del código estatal
electoral establece que el tribunal podrá declarar la nulidad de las
elecciones “por exceder los topes de gastos de campaña establecidos por
el presente código, de manera determinante para el resultado de la
elección”.

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