Coincidencia Blake
Sanjuana Martínez
Dos secretarios de Gobernación muertos en “accidentes” aéreos es
mucha coincidencia y obliga al Estado Mayor Presidencial a revisar sus
protocolos de operación y seguridad.
Y aunque la nubosidad hace pensar en “accidente”, como dijo Felipe
Calderón sobre el desplome del helicóptero que costó la vida a José
Francisco Blake Mora y siete colaboradores, las sospechas se han
disparado, precisamente por la coincidencia. La teoría de la
conspiración vuelve a aparecer.
Desde hace tres años y una semana, seguimos esperando los dictámenes
periciales del “accidente” aéreo en donde murió el secretario de
Gobernación Juan Camilio Mouriño, un hecho poco transparente que dejó
lleno de dudas, lagunas y sospechas el ámbito político nacional. En
ambos casos, según versión oficial, hubo “falta de pericia” de los
pilotos. Dos pilotos “responsables” de la muerte de dos secretarios de
Gobernación: nueva coincidencia.
Las muertes de ambos funcionarios están ligadas también a las
operaciones de seguridad emprendidas por el gobierno calderonista en la
lucha contra el narco, concretamente a las detenciones de importantes
capos. Unos días antes de que muriera Juan Camilo Mouriño fue
capturado Jesús Reynaldo Zambada García, alias “El Rey”, hermano, de
Ismael “el Mayo” Zambada, y días antes de la muerte de Blake Mora fue
detenido Ovidio Limón Sánchez, operador del “Chapo” Guzmán.
El Ejecutivo, como en el caso de Mouriño, ha prometido que se
“actuará con toda transparencia” para esclarecer las circunstancias del
nuevo “accidente”. Y repite frase: “las investigaciones serán
exhaustivas y contemplarán todas las hipótesis”. No fue así con Mouriño y
seguramente no será así en el caso de Blake.
Al tratarse de los dos segundos hombres más importantes de México,
funcionarios encargados de la seguridad interna, es obvio que su
conocimiento sobre cuestiones trascendentales de la política nacional
era absoluto. ¿Qué sabían Mouriño y Blake? ¿Cuántos secretos personales y
profesionales de Felipe Calderón se llevaron a la tumba?
Preguntas sin respuesta que nos llevan a más sospechas y más dudas:
¿Por qué un helicóptero de la Fuerza Aérea modelo Súper Puma equipado
con alta tecnología y apenas 700 horas de vuelo se cae por la nubosidad?
¿Por qué un helicóptero que sale del hangar presidencial es tripulado
por un piloto sin pericia? ¿Qué tipo de mantenimiento reciben los
vehículos oficiales utilizados por funcionarios de alto nivel? ¿Por qué
el helicóptero cayó en el municipio de Chalco en el paraje Santana
Tlacotenco si iba del Distrito Federal a Cuernavaca?
La teoría de la conspiración está nuevamente presente como en el caso
de Mouriño. En este caso es peor, porque Calderón iba a viajar en el
mismo helicóptero a Baja California. Las preguntas inundan a la opinión
pública: ¿El helicóptero se desplomó o fue derribado? ¿Accidente o
atentado? ¿Crimen organizado o fuego amigo?
La sensación de vulnerabilidad crece en la ciudadanía. Si esto le
pasa a los secretarios de Gobernación, ¿qué pueden esperar el resto de
los mortales? Si el gobierno no es capaz de brindar seguridad a su
propio gabinete, ¿en qué lugar están los ciudadanos?
Como en el caso de Mouriño, será el secretario de Comunicaciones y
Transportes el encargado de hacer la investigación que determine las
causas del siniestro, concretamente un comité compuesto por el titular
de esa dependencia, Dionisio Pérez-Jácome, gente de la Dirección General
de Aeronáutica Civil, el fabricante del helicóptero y autoridades
aeronáuticas de Francia, país de origen de la aeronave. Lamentablemente
la investigación inicia con una desventaja: el helicóptero siniestrado
casualmente no tenía “caja negra” porque no era obligatorio.
Con la muerte de Blake, Calderón pierde al estratega de la guerra
contra el narco. El secretario de Gobernación fue el más ferviente
defensor de la mano dura contra la delincuencia a pesar del fracaso
evidente en la estrategia bélica que ha dejado casi 60 mil muertes.
También era el interlocutor del gobierno con las víctimas de la
violencia, un hombre que aceptaba el diálogo, pero que al igual que
Calderón permanecía sordo al clamor popular de “alto a la guerra”.
Tal vez, nunca sabremos lo que paso a Mouriño y a Blake, pero lo que
está claro es que sus muertes llegaron en un momento delicado para el
país. Este último “accidente” sucede en un período preelectoral. Se
trata de la muerte del hombre encargado de vigilar el buen ritmo de las
próximas elecciones.
La tragedia de México es la tragedia de Felipe Calderón porque se ha
quedado sin dos de sus mejores amigos, a los dos los va a extrañar,
según dijo, hombres que llegaron a la Secretaría de Gobernación sin
tener una trayectoria política sólida, beneficiados por la amistad;
hombres con información privilegiada sobre los entresijos que tejen la
maraña gubernamental más bélica y sanguinaria de la historia reciente de
México.
A diferencia de los hijos de miles de muertos en la guerra defendida a
capa y espada por Blake, sus hijos, como los de Mouriño, quedaran
protegidos por el Estado en absoluta coincidencia heroica. Antes de
morir en un “accidente” por culpa de las nubes, el secretario de
Gobernación, había declarado: “me preocupa como a cualquier papá en
México, que mis hijos tengan todo para salir adelante”.
Seguramente así será.

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