Editorial
¿Subiendo miras?
Dicen coloquialmente en nuestro México, que “el que con atole se quema, hasta el jocoque le sopla”. Y si cuando el 4 de Noviembre del 2008 las Autoridades comunicaron oficialmente que el avión en que viajaba el entonces secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño.
Quien fuera señalado por Wikileaks como el responsable de haber repartido las plazas y rutas a los narcotraficantes (lo que nunca ha sido desmentido) que iba acompañado precisamente por el entonces encargado del combate al narcotráfico, José Luis Santiago Vasconcelos.
Lo que en ese entonces propició una ola de rumores porque primeramente dijeron que había sido un error del piloto. Para posteriormente declarar que la aeronave no tenía los servicios de mantenimiento adecuados, y finalmente decir que la pequeña aeronave había sido derribada por la turbulencia de un avión comercial de gran tamaño.
Declaraciones tan absurdas como la muerte de la pequeña Paulette. Pues baste recordar la formación que llevaban los aviones de la Fuerza Aérea que sobrevolaron los Juegos Panamericanos, para entender que eso no pudo haber sido cierto. Y sobre todo porque el Lear Jet cayó a tierra completamente desintegrado.
Difícil será que la sociedad crea que el helicóptero en que viajaba Francisco Blake cayó por alguna falla mecánica, o por cualquier otra causa, ya que hay versiones extraoficiales dicen que el aparato explotó en el aire. y que cayó completamente destrozado.
Que es más o menos lo mismo que le pasó al helicóptero en que viajaba Ramón Martín Huerta, el 21 de Septiembre del 2005, quien en ese entonces se desempeñaba como Director de la Policía Federal Preventiva en la pasada administración.
Y cuyo sepelio fue una auténtica farsa, pues de los cuerpos que supuestamente velaron en el Campo Marte, no había ni rastro. Los féretros estaban vacíos.
Sin poder soslayar, que 24 horas antes, el Ejército, con la ayuda de los EEUU, había detenido a Ovidio Limón Sánchez, un lugarteniente del “Chapo”, que era uno de los capos más buscados por el gobierno norteamericano, y por cuya captura (vivo o muerto, muy al estilo del viejo Oeste) habían ofrecido 5 millones de dólares.
Haciendo pensar ¿si no será que los capos se cobran ojo por ojo y están subiendo las miras?

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