La gente sólo quiere al PAN en la mesa
María Teresa Jardí
Tarde
para él, al que incluso Obama da la espalda, reconociendo que la
aplicación del Plan México, mal llamado, para cubrir la canallada que
esos “planes” significan, Iniciativa Mérida, “ha sido muy caro y poco
efectivo”. Es decir un error genocida que tampoco le conviene al imperio
vecino, incluso porque eso significa la salida de más y más personas
que emigran solicitando asilo en EU.
A Calderón ahora sí le interesa el recuento voto por voto. Tarde para él
mismo que sigue oponiéndose a que al director de la revista Proceso se
le entreguen las boletas de la elección, en la que resultó, como siempre
fue obvio para los ciudadanos, perdedor Fecal.
A pesar de la militarización disuasiva, que del estado hizo el usurpador
desde días antes de la elección, era una crónica anunciada que la
hermana no podía obtener un triunfo que la ciudadanía no quería darle, a
pesar de la compra atroz, haciendo incluso que los niños le
agradecieran llamándola “mamá Cocoa”. Qué mona. Perdedora a pesar o más
bien por: “Los Templarios” y por “La Familia”, con los que sí le hizo,
el usurpador, la vida miserable a Leonel Godoy. Pero sin entender que
con él, perjudicaba a todos los michoacanos.
El pueblo michoacano decidió, como hemos decidido todos los ciudadanos
mexicanos, no votar nunca más en la vida por el PAN. Lo mismo que le
está sucediendo al PRD, al que ya apenas le queda tiempo para
reconsiderar lo que con ese partido, representante de la izquierda,
aunque su dirigencia se haya decantado a la derecha, están haciendo y en
Michoacán deberían dejarse de chorradas los perredista y aceptar el
triunfo priísta. Lo otro es hacerle el juego a un genocida y no se los
va a perdonar la gente.
Fecal, con el recuento, piensa que con contadores a modo aún puede
imponer a la hermana “haiga sido como haiga sido”. Pero el pueblo
michoacano que mayoritariamente no salió a votar porque a nadie le gusta
votar con miedo, ni custodiado por soldados y marinos que sólo sirven
para desanimar el voto, dijo no a la Calderón.
Pero no. Lo que no ha entendido Calderón y quién sabe si en el PAN se
entienda es que con su genocidio, Felipe Calderón Hinojosa, ha acabado
con su partido como opción de gobierno para los mexicanos, al menos por
lo que resta del siglo que recién, tan mal, empieza.
Tendría el PAN que hacer un alto en el camino y enterarse del
sentimiento que hoy despierta en los diversos sectores sociales. El
sentimiento de horror que despierta en el pueblo al que se le ha
destruido su tejido social que es lo que permite la sobrevivencia cuando
falta el pan en la mesa. Pueblo al que desprecia la derecha, pero sin
el cual no se puede justificar ni siquiera esa chorrada que seguimos
llamando democracia. Tendrían que analizar lo que significa para el PAN,
el verse retratados los panistas en los chistes que por la red se
comparten como estampitas de la Virgen que a los genocidas no acepta
como hijos. A su hijo lo asesinaron. No fue Jesús el asesino.
Como aún no ha llegado a la ejecución del humor negro, el genocida que
usurpa el Ejecutivo, uno de los chistes compartidos por estos días,
creativo que es el pueblo mexicano, dice “que llegado al cielo (aunque
también podría ser al infierno, digo yo) Mouriño recibe a Blake
diciéndole que les habría ido mejor con AMLO porque seguirían vivos”.
Que con AMLO otra sería la historia de los mexicanos es lo que hoy
piensan hasta los que siempre fueron enemigos de la llegada de Andrés
Manuel. Los que se creyeron lo de que López Obrador era un peligro, sin
darse cuenta de que dejaban llegar al que sí es un peligro. Fecal es un
genocida y la única certeza es que los mexicanos no quieren a un
Calderón en Michoacán ni al PAN en Los Pinos nunca más.
A final de cuentas el PAN, en once años, a millones les ha arrebatado
además de la vida de los suyos y del trabajo a los jefes de familia: el
pan en la mesa y también las tortillas.

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