Lo que va de ayer a hoy
Juan José Morales
Escrutinio
Decidí
utilizar para estos comentarios el título de una vieja película de la
llamada época de oro del cine mexicano, en la cual —a través de los ojos
de un mexicano que permaneció congelado durante varias décadas— se
comparaban las costumbres de dos generaciones separadas por ese lapso.
Pero a lo que quiero referirme, es a lo diferente que es el panorama
político de 2011 respecto a 2006.
La diferencia estriba en que en aquel entonces había un gran movimiento
popular que hizo triunfar a Andrés Manuel López Obrador, pero que
carecía de la solidez y organización necesarias para impedir que —como
ocurrió— se le escamoteara la victoria. Hoy, en cambio, existe a lo
largo y ancho del país una extensa y sólida estructura, formada por
miles y miles de ciudadanos afiliados al Movimiento de Regeneración
Nacional (Morena), capaz no sólo de impulsar una fuerte candidatura de
izquierda a la presidencia de la República, sino también —y sobre todo—
de ejercer una cerrada vigilancia sobre todos los aspectos del proceso
electoral de 2012 para tratar de evitar que se repita el fraude que
encumbró a Calderón.
Esa gran estructura ciudadana, sin embargo, no nació por generación
espontánea. Es resultado de un lustro de trabajo tenaz, persistente, de
AMLO, que —rodeado por un esforzado grupo de colaboradores cercanos y
con el apoyo de muchos miles de ciudadanos en todos los rincones de la
geografía nacional— durante esos cinco años recorrió incansablemente el
territorio nacional. Es el único posible candidato que ha visitado todos
y cada uno de los municipios del país y ha entrado en contacto directo
con los problemas que padecen. Es también el único que ha establecido
compromisos directos con los habitantes de esos lugares.
No es de extrañar, entonces, que —según las encuestas dadas a conocer
ayer por el PRD— López Obrador haya resultado mejor posicionado que
Marcelo Ebrard como potencial abanderado de una alianza progresista. Y
esa posición —hay que subrayarlo— la alcanzó a pesar del boicot de que
fue objeto durante todo este tiempo por parte de los grandes medios de
comunicación y cuya magnitud puede medirse por el hecho de que en esos
cinco años no se le hizo jamás una sola entrevista en televisión y las
referencias a él eran usualmente de naturaleza francamente negativa o
sólo marginales, como parte de informaciones no pocas veces sesgadas y
tendenciosas. Por contraste, de Peña Nieto se hablaba siempre
elogiosamente y su imagen aparecía hasta la náusea en las pantallas de
televisión, merced a los cientos de millones de pesos que su gobierno
repartía entre las televisoras.
Logró también AMLO ser el mejor posicionado, pese a que durante todos
estos años ha sido objeto de una insidiosa campaña que lo presenta como
demagogo, intransigente, extremista, arbitrario, caprichoso y otras
lindezas, y pese asimismo a que se intentó minimizar su figura exaltando
la de Ebrard, a quien se presenta como hombre sensato, moderado,
conciliador y moderno, todo ello con objeto de provocar divisiones en la
izquierda.
Finalmente, hay que subrayar que López Obrador logró ser considerado el
mejor prospecto del PRD para contender por la presidencia de la
República, pese a que la propia dirigencia de su partido trató de
empañar su imagen.
Ciertamente, El Peje ha logrado forjar un amplio movimiento unitario sin
precedentes en la historia de México, un movimiento bien organizado,
surgido de abajo y desarrollado hacia arriba. Si se logra ampliarlo,
consolidarlo y fortalecerlo de aquí a julio del año próximo, las fuerzas
de izquierda tendrán grandes posibilidades de llegar al poder.
Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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