Álvaro Cepeda Neri
Demetrio Javier Sodi de la Tijera
(nombre rimbombante, aristocrático) es delegado en la demarcación Miguel
Hidalgo, zona propanista a pesar de los estratos sociales pobres y
quizá en la miseria, desde donde posa para sus comerciales en televisión
y prensa impresa. Aparece empujando un escritorio con ruedas o sentado,
figurando despachar en la calle. Luce hábil y de fácil palabra para
meter boruca. Fue empresario, más bien, comerciante de
supermercados. Anda en los 70 años, eso sí con plenitud de facultades y
la mirada puesta en ser candidato a la jefatura del Distrito Federal, lo
cual no va estar difícil… ¡sino imposible!, pues no es santo de la devoción de Marcelo Ebrard.
Fue diputado federal dos veces y senador. Empezó en el Partido Revolucionario Institucional. Brincó al Partido de la Revolución Democrática. Volvió a cambiar de chaqueta
para lo que siempre fue: derechista, y se dio de alta en el Partido
Acción Nacional (PAN), donde milita y tiene competidores como Gabriela
Cuevas, la aguerrida panista que cae de la patada a muchos, pero tiene lo suyo para escalar cargos; a una prima hermana de Margarita Zavala; al peleonero
de José Luis Luege Tamargo, quien quita el agua al Distrito Federal,
por sus enojos con Ebrard; Javier Lozano Alarcón de la Secretaría del
Trabajo (expriísta poblano), feroz enemigo de los trabajadores e
impulsor, junto con Felipe Calderón, de rescatar a la aerolínea Mexicana
de Aviación, para favorecer a las de los calderonistas. Pero Sodi ya se
metió a la disputa, sin el apoyo del PAN, donde lo consideran un
advenedizo, y con la oposición de casi la mitad de sus gobernados.
Su soberbia le ha ganado odios que pesan ahora que busca votos y
simpatías. No hizo gran cosa en el cumplimiento de sus obligaciones;
desprecia a las minorías; les da “atole con el dedo a las mayorías”. Y
ha escalado cargos públicos que es una chulada, con cuyo currículum quiere impresionar para que el PAN capitalino lo tome en cuenta. Pero se sabe que Luege Tamargo y Gaby
Cuevas, son los dos finalistas, salvo que Calderón, que gusta de poner a
sus amigos (ya impuso a Alejandro Poiré como sucesor de Francisco Blake
Mora, en el Club de Tobi), diera la candidatura a Lozano, su guardián a las puertas laborales.
Pero Sodi, ya se tiró al agua y mientras da patadas de ahogado, sale a escena
con publicidad barata (no por lo que paga por minuto con dinero de los
contribuyentes y no de manera legal, lo cual presume corrupción: 1
millón de pesos; y lleva gastados 14 millones en televisión) y de muy
mal gusto, pues eso de empujar un escritorio para dárselas de
funcionario atento a resolver los problemas de la delegación, lo pintan como un “político en la calle”. Y la verdad que está en la calle,
promocionándose y presionando al PAN para ser su candidato en la Ciudad
de México, donde Ebrard hace todo lo posible por imponer a Delgado (su
favorito), al procurador Miguel Ángel Mancera (el menos malo) o a
Alejandra Barrales (que no posó para el calendario de las azafatas de
Mexicana y estuvo de acuerdo con la golpiza a los pilotos que ordenó
Ebrard). La competencia estará interesante. Y Sodi, como el anuncio de
la mayonesa, ya le puso lo sabroso.
*Periodista

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