domingo, 23 de agosto de 2009

Esperemos que este CRIMEN no quede impune

¡¡Exijamos lo Imposible!!
ARTURO MIRANDA
¿Quién asesinó a Chavarría?


Seguramente que al igual que todos los crímenes de Estado, por mucho tiempo no se conozca quién es el o los responsables intelectuales y materiales del repugnante asesinato de Armando Chavarría Barrera, pero se pueden establecer diversas hipótesis que bien podrían servir para desentrañar el crimen.


Armando Chavarría no tenía enemigos personales y quienes lo conocimos de cerca, sabemos que tampoco se le podrá vincular al narcotráfico como medio de oscurecer o encubrir a los responsables de su asesinato; nunca fue responsable de haber ordenado algún atentado a la integridad física o moral de algún sector de la población; por lo que, la búsqueda de los responsables habría que orientarla a partir de preguntarse a quién le estorbaba desde la responsabilidad legislativa y política en que se desempeñaba.

Como diputado, se empeñó en otorgarle al poder Legislativo una función de contrapeso e independencia hacia el Ejecutivo y esto ya lo convertía en la piedrita en el zapato de Zeferino Torreblanca, que le apostaba a que mediante sus incondicionales podría actuar como reyezuelo desde el gobierno.

Equivocado o no, Chavarría le apostaba a la unidad de todas las tribus del PRD y se oponía a romper con el gobernador por su responsabilidad en las derrotas electorales pasadas, con la esperanza de llegar a ser el próximo candidato a la gubernatura, pero ello afectaba los planes de Zeferino que se propone imponerles a uno de su ideología empresarial y contrario a los intereses mayoritarios del pueblo, como son los casos de una Ruth Zavaleta o Armando Ríos Piter.

Chavarría también se convertía en una amenaza para la cúpula caciquil del PRI, ante la posibilidad de que lograra en su contra, la unidad de todos los partidos pequeños y hasta del PAN.

Ante el anuncio de la auditoría externa a Ignacio Rendón Romero, Auditor General del Estado, acusado de diversos presuntos ilícitos, Chavarría se tornaba también un peligro para él y sus posibles cómplices, porque podrían parar en la cárcel.

La campaña de satanización desplegada en días pasados de parte de Zeferino en contra del PRD y sus dirigentes, con un mensaje especial para Chavarría, sin lugar a dudas lo convirtió en blanco perfecto para ser asesinado, por quienes desde los círculos de la ultraderecha enquistada en el gobierno federal aprovecharía las circunstancias para profundizar las diferencias internas y de paso, evitar que alguien con ideología cercana a la izquierda llegara a la gubernatura.

Éstas y otras evidencias pueden ser la base de las líneas de investigación que evitarían que el crimen quede impune.

Si a todo esto agregamos que unos días antes de su asesinato, Chavarría nos comentó su preocupación porque Zeferino le retiró de manera irresponsable el equipo de seguridad a que estaba obligado a brindarle por haber fungido como Secretario de Gobierno, ya podemos adelantar que por acción u omisión él es el directamente responsable de su muerte.

Al enterarnos del crimen, inmediatamente nos trasladamos a su domicilio, porque todavía esperábamos que fuera mentira; al llegar sólo había no más de tres personas y a un lado de su casa, el automóvil con impactos de balas por ambos costados y el cuerpo de Chavarría con la cara hacia el oriente, recargado sobre la puerta del lado derecho con un impacto de bala en medio de la frente y apenas una pequeña muestra de sangre que le corrió por la cara hasta su pecho; los demás impactos no eran perceptibles desde fuera del auto, pero sí, se localizaban más de 10 casquillos de balas, al parecer nueve milímetros.

Unos minutos después llegaron dos policías y tendieron una cinta de plástico color amarillo, como para impedir que alguien pasara al escenario del crimen, pero apenas se dedicaron a estar presentes sin impedirle a reporteros y curiosos que se acercaran al vehículo y borraran posibles huellas de los criminales; los peritos llegaron más de dos horas después sin un plan científico de investigación y hasta retiraron el vehículo unos metros del lugar del crimen y para nada exploraron el entorno inmediato. Se observó que recién habían podado el pasto de enfrente de la casa del lado oriente y huellas de botas en la parte alta, pero en ningún momento se preocuparon por registrar esas posibles evidencias.

Por todo lo anterior, se llega a comprender, en parte, el por qué la Procuraduría General de Justicia del Estado de Guerrero se ha distinguido por inepta para esclarecer esa clase de crímenes y menos, cuando pudiera existir consigna de por medio.

Desde esa situación, todo apunta a que, la gran lista de crímenes impunes de tantos luchadores sociales al menos en Guerrero, se sumará el de Armando Chavarría.

Durante el sepelio, con sorpresa escuchamos comentarios de varios dirigentes del PRD, como si se tratara de gente enajenada, de manera mecánica aseguran que en lugar de exigir la renuncia de Zeferino Torreblanca para que se emprenda una investigación confiable del crimen, le apuestan a no tocarlo en aras de la unidad de un partido que él mismo se ha encargado de destruir.

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