lunes, 6 de diciembre de 2010

Cual ratero huye de los periodistas

Raúl Padilla López y Juan Sandoval Íñiguez FOTO HÉCTOR JESÚS HERNÁNDEZ
¡¡Exijamos lo Imposible!!

Le increpan sobre la homofobia y la violación al estado laico
El cardenal se niega a hablar en la FIL acerca del rostro ausente en su libro
JUAN CARLOS G. PARTIDA

Juan Sandoval Íñiguez salió por piernas y rodeado de guaruras de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, luego que tras la presentación del libro El verdadero rostro del cardenal Juan Sandoval, evitó contestar las preguntas de una periodista, Sanjuana Martínez, que lo siguió sin darle tregua casi hasta el estacionamiento de Expo Guadalajara.


En cuanto terminó la presentación del libro de casi 700 páginas de sermones que Sandoval ha grabado ante Televisa Guadalajara semanalmente y se dio espacio a unas preguntas, la periodista regiomontana pidió el micrófono que se ofrecía e increpó:


“Además del rostro que se muestra en este libro, hay otro rostro que se muestra en los medios de comunicación, que es el rostro de un cardenal homófobo, misógino, violador del estado laico (“ah caray”, se escucha al cardenal), también con la sombra de la malversación de limosnas por el tema del narcotráfico desde el señor Jorge Carpizo (“ah caray”, repite Sandoval). Entonces quisiera que se refiriera a eso también”.

Mire, eso desde luego son temas que no merecen ser tratados. Yo creo que las cosas hablan por sí mismas y de ese tema nada, nada, nada–, contesta Sandoval, con el rostro enrojecido.

“No corresponde”, interviene el sacerdote Antonio Montaño, vocero de la Arquidiócesis de Guadalajara. “¿Algún comentario, alguna pregunta?”, cuestiona al resto del público en un salón donde prevalecen laicos católicos, que se muestran azorados por los cuestionamientos al jerarca religioso.

Una mujer se pone de pie y le dan rápido el micrófono. “Yo soy católica, laica comprometida y creo que tengo una imagen totalmente diferente. Gracias por el amor que nos da siempre, gracias por su ternura, por su amabilidad, lo amo señor cardenal”, dice, con un evidente nudo en la garganta y las lágrimas a punto de fluir. Mucha gente aplaude.

“Muchas gracias a…”, quiere cortar Montaño, pero el cardenal lo interrumpe: “Allá hay otro”, y apunta a un hombre que levanta la mano y pide hacer uso de la voz.

En el marco de la FIL también va a participar una persona de nombre Marcelo Ebrard ¿qué opinión le merece que también va a estar presente Marcelo Ebrard?–, le pregunta.

Me lo saluda por favor–, contesta el cardenal, ahora sí poniéndose de pie mientras parte del público estalla en carcajadas.

A la par y desde primera fila, Raúl Padilla López, presidente de la FIL, también se incorpora y se dirige al cardenal para saludarlo y regresarle las alabanzas que al principio del acto Sandoval Íñiguez lanzó a la FIL y al propio Padilla por una feria que, dijo haberlo comprobado en su reciente viaje a Europa, “donde quiera saben de ella”.

“Muchas gracias”, le dice Sandoval Íñiguez a Padilla López mientras se estrechan las manos. Padilla lo invita quién sabe a dónde y el cardenal dice que no puede porque va a dar misa a las cinco de la tarde, en unos minutos más. Sin mucha ostentación, Sandoval le entrega un pequeño estuche negro a Padilla, quien se lo embolsa sin abrirlo, conteniendo tal vez la moneda de oro conmemorativa con la imagen grabada del cardenal tapatío, que se puso recientemente a la venta para recaudar fondos para la Iglesia.

Los dos personajes salen del salón. Primero Padilla, que se escabulle entre su nube de guaruras vestidos de traje negro. Sandoval también con la ayuda de hombres corpulentos se dirige hacia fuera del salón, lo que no impide que Sanjuana vuelva a la carga con su grabadora.

Defiéndase señor, tiene la oportunidad–, le dice.

Ah ¿con usted? No
.
No, con los medios.


No, tampoco, son los que menos.

–¿Por qué?

Los abogados me están defendiendo.

–¿Necesita que lo defiendan?

Si, los abogados , porque es cuestión jurídica.

–¿Entonces se siente una víctima?

Sandoval ya no contesta. A cambio se oyen nítidos y casi amenazantes, a espaldas del grupo de reporteros, varios chitones que vienen de los laicos católicos que fueron mayoría en el salón. “No molesten”… “dejen al señor”… “¡cállese!”.

La persecución y los cuestionamientos siguieron a Sandoval desde el salón hasta el estacionamiento sin respuesta del prelado, hasta que finalmente pudieron cerrar la puerta a Sanjuana Martínez, quien ante el impedimento regresa otra vez al recinto ferial.

En su regreso la periodista comenta, con el pulso agitado, sonriente. “No podía dejarlo ir así”.

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