¡¡Exijamos lo Imposible!!Escrutinio
El gallo copetón de la pantalla chica
Por Juan José Morales
Para nadie es un secreto que Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México, aspira a ser candidato del PRI a la presidencia de la República. Y para nadie es un secreto tampoco que —como se dice en el lenguaje popular— es “el gallo” de Televisa. Aunque, por supuesto, no gratuitamente, sino como parte de un juego de toma y daca en el cual Televisa ensalza y promueve la figura de EPN, y éste a su vez favorece a la empresa televisora con generosos presupuestos publicitarios que representan carretadas de dinero.
Según el reportero Jenaro Villamil en la revista Proceso, tan sólo en los llamados promocionales de televisión y las notas pagadas pero disfrazadas de información relativas al quinto informe de gobierno del mandatario mexiquense, se dilapidaron —decir que se gastaron sería demasiado suave— nada menos que 92 millones de pesos.
No es esta, por lo demás, la primera vez que Televisa le sirve como caja de resonancia a EPN a cambio de gruesas sumas de dinero. El año pasado, Villamil reveló también que el hombre del copete había pagado más de 405 millones de pesos a la televisora para aparecer en el programa Zona Abierta de Héctor Aguilar Camín, así como en seis entrevistas en diversos espacios y en un paquete de noticias,
En pocas palabras: Televisa y los grupos de poder ligados a ella, se han fijado el objetivo de llevar a la silla presidencial a Peña Nieto. Y éste, por su parte, está utilizando —derrochando sería el término preciso— los recursos del erario público para promover su imagen y realizar una descarada campaña electoral. Es el perfecto maridaje entre lo que en la jerga política moderna se denomina un poder fáctico —es decir, un poder de hecho pero no de derecho— y un poder político; entre una gran empresa que por su dominio de los medios informativos tiene la capacidad de influir sobre la opinión pública, y un gobernante que emplea el poder para tratar de lograr más poder.
La otra parte de la maniobra es el silencio informativo, el verdadero ostracismo de que se hace víctima a Andrés Manuel López Obrador. Aunque se trata de un personaje de primera línea, que tiene un indudable peso en la vida política del país y que representa la opinión de un gran porcentaje de los mexicanos, se le mantiene fuera de las noticias, e incluso se llega al extremo de impedir que pase al aire —como ocurrió hace poco en Televisión Azteca— alguna entrevista con él.
Como señaló Alejandro Encinas, coordinador de la bancada perredista en la Cámara de Diputados, durante la entrevista que le hizo el pasado lunes la periodista Carmen Aristegui, “lo que hoy está a discusión sin duda alguna, de cara al futuro del país, es cuál es el papel de los poderes fácticos y si el Estado tiene realmente la capacidad de regular no solamente a las televisoras, sino a los grupos de poder que hoy quieren extender sus dominios a las esferas del Estado y a todas las áreas del poder público”.
De hecho, Televisa se ha convertido ya en un partido político disfrazado. Tiene sus diputados, colocados en el Congreso a través de ese partido de alquiler que es el llamado Verde Ecologista. Y, como señala también Alejandro Encinas, Felipe Calderón le ha estado dando cada vez más poder a Televisa —a la cual le debe en buena medida haber llegado al poder—, al entregarle jugosas concesiones. Todo ello con la anuencia y la complicidad de legisladores del PRI y del PAN —no todos, sin embargo— que mantienen congeladas iniciativas de ley como la de Telecomunicaciones, que permitirían frenar prácticas abusivas como las de Peña Nieto y su madrina televisiva.
En fin, Televisa tiene ya su candidato a la presidencia de la República, su gallo copetón. Y sin duda hará todos los esfuerzos posibles —como en su momento los hizo en favor de Calderón— para que triunfe en el palenque 2012. Y también sin duda se esforzará al máximo por bloquear a López Obrador —o a quien encabece una candidatura de izquierda—, al igual que lo hizo en 2006. Pero todavía está por verse si los mexicanos dejaremos que sean los dueños de la televisión quienes decidan por nosotros.
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