¡¡Exijamos lo Imposible!! La Jornada
Calderón: mendacidad de Estado
De acuerdo con
información desclasificada por el Departamento de Estado de Estados
Unidos, y difundida por la organización National Security Archive, el
gobierno de Felipe Calderón ocultó información sobre las matanzas de
migrantes centroamericanos, el número de fosas clandestinas halladas en
el territorio (que se eleva a 196, de acuerdo con la documentación
referida), la complicidad de funcionarios gubernamentales con el crimen
organizado y los procesos judiciales contra delincuentes detenidos en el
contexto de la
guerra contra el narcotráfico.
inexistente. Hoy se sabe, sin embargo, que sólo entre 2010 y 2011 esa dependencia realizó más de mil 600 pruebas de ADN a los restos encontrados en inhumaciones clandestinas del país, en apoyo a las fiscalías locales.
Tales elementos, en conjunto, confirman que el manejo errático, distorsionado y poco transparente de la información por parte de la administración calderonista obedeció no tanto a deficiencias discursivas y en materia de comunicación social, sino a una inadmisible voluntad de ocultamiento. Durante los seis años, la opinión pública nacional no dispuso de información oficial clara y precisa acerca de las líneas de acción del gobierno federal, sobre la cifra de detenidos, el desarrollo de sus procesos y, desde luego, en cuanto a los saldos trágicos de la violencia que se registró –y se sigue registrando– en el territorio y que se ceba particularmente en los sectores más vulnerables, como los migrantes indocumentados.
En un entorno institucional sólido y de plena vigencia del estado de derecho, los elementos descritos tendrían que derivar, cuando menos, en un llamado a cuentas a los principales responsables del pasado gobierno federal, empezando por su titular, con el fin de determinar el grado de responsabilidad en que pudo haber incurrido una administración que quiso revertir su propio déficit originario de legitimidad involucrando al país en una guerra sobre la base de la desinformación y que convirtió, de ese modo, a la mendacidad en una política de Estado.
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