¡¡Exijamos lo Imposible!!
Proceso
Caro Quintero: Cuatro maneras de hacer el ridículo
MÉXICO, D.F. (apro).- El sistema judicial mostró una sorprendente
capacidad para tropezarse cuatro veces con la misma piedra: el capo
Rafael Caro Quintero. Y lo logró en un tiempo récord: tres meses.
El sinaloense estaba preso desde hacía 28 años. El principal delito por el que seguía en la cárcel era el asesinato de Enrique Kiki
Camarena, agente de la Oficina Antidrogas de EU (la DEA) ejecutado el 9
de febrero de 1985. Caro aún debía purgar 12 años de cárcel. El sistema
judicial mexicano lo liberó, y el mismo sistema lo volvió a declarar
prófugo.
El primer tropiezo
El 7 de agosto pasado el Primer Tribunal Colegiado en Materia
Penal del Tercer Circuito ordenó la libertad de Caro Quintero, fundador
del cártel de Guadalajara. Salió la madrugada del día 9.
Los jueces Félix Dávalos, Rosa Isabel Moreno Ruiz y Lucio Lira
Martínez no lo declararon inocente: Igual que en el caso de Florence
Cassez, fue un tecnicismo el que le abrió las rejas. Los jueces
asentaron que Estados Unidos no había acreditado a Camarena como agente
de la DEA en México. Por lo tanto, no debía haber sido juzgado por un
tribunal federal, sino por uno del fuero común. Y para fuera.
El procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, no dio
muestras de enterarse de la resolución inmediatamente. El 9 de agosto
salió rasgándose las vestiduras. No era posible, clamó. El juez no debía
haber ordenado la anulación del juicio, sino simplemente remitir el
caso a un tribunal calificado, dijo. Anunció también que se
inconformaría ante la decisión.
El caso se convertía así en uno de los mayores varapalos (en su
modalidad de autogol) a la administración federal de Enrique Peña Nieto.
El mexiquense había llegado a la Presidencia gracias a dos postulados
centrales. El primero era que el PRI sabía gobernar. El segundo, que
modificaría la desastrosa guerra contra el narco de su antecesor, Felipe
Calderón.
La liberación de Caro Quintero refutaba ambas premisas. El capo era
el narco más importante detenido por el priismo, y ahora era el propio
priismo el que lo dejaba libre. El sistema judicial no había sido
saneado y el procurador no se había enterado a tiempo…
Segundo trompicón
No sólo Murillo se enojó. Estados Unidos estaba furioso. Lo había
pedido en extradición y México no la había concedido. Había varias
razones: La ley mexicana especifica que no deben extraditarse presos
que, en el país de destino, puedan afrontar la cadena perpetua o la pena
de muerte. Otra razón es que —a contentillo— el gobierno puede ordenar
que un reo cumpla su pena en México antes de enviarlo a otro país. La
tercera razón era la nebulosa situación jurídica que Camarena tenía en
México.
Sin embargo, el 15 de agosto (una semana después de la liberación),
la Procuraduría anunció que había recibido una nueva petición de Estados
Unidos.
“Al día de hoy, se cuenta con una orden de detención provisional con
fines de extradición en contra de Rafael Caro Quintero, por diversos
delitos por los que se le acusa ante una Corte Federal de Distrito en
California”, detalló la dependencia. La misma dependencia que no había
estado al tanto de todo el proceso, y que había tenido oportunidad de
extraditarlo durante 28 años.
Tercera caída
De nuevo, el golpe vino de la Unión Americana. Phil Jordan,
exdirector del Centro de Inteligencia de El Paso (EPIC); Héctor
Berrellez, exagente de la DEA, y Tosh Plumlee, un expiloto que trabajó
para la Agencia Central de Inteligencia (CIA), denunciaron que el
gobierno estadunidense fue el que había ordenado la ejecución de Kiki Camarena, y no Caro Quintero. (Proceso 1930 y 1931).
Estados Unidos presuntamente secuestró, torturó y ejecutó a Camarena
porque había descubierto que Washington se asoció con el narcotraficante
y usaba las ganancias del trasiego de drogas para financiar las
actividades de la contrarrevolución nicaragüense.
Los tres agentes que hacían la revelación habían estado relacionados con la indagatoria del caso.
“Durante esta investigación descubrimos que algunos efectivos de una
agencia de inteligencia de Estados Unidos, infiltrados en la DFS
(Dirección Federal de Seguridad), participaron en el secuestro de
Camarena. Dos testigos identificaron a Félix Ismael Rodríguez. Ellos
eran de la DFS y nos dijeron que incluso él (Rodríguez) se había
identificado como ‘inteligencia norteamericana’”, señaló Berrellez.
La revelación tundía directamente a los gobiernos mexicano y
estadunidense. Éste, por el tamaño del presunto crimen perpetrado contra
uno de los suyos. Aquél, por la ignorancia no ya de los supuestos
hechos, sino de la hipótesis.
El Departamento de Estado de EU respondió anunciando que ofrecía una
recompensa de hasta 5 millones de dólares por información que conduzca
al arresto de Caro Quintero.
Cuarto traspié
El miércoles 6 vino la puntilla. La Suprema Corte de Justicia de la
Nación revocó el fallo judicial que le había dado la libertad a Caro
Quintero.
La decisión fue respaldada por cuatro de los cinco magistrados de la
Primera Sala del Supremo tribunal. “No fue adecuada la sentencia del
Tribunal Colegiado, ya que, acorde a los tratados internacionales de los
cuales México es parte, se podía advertir que Enrique Camarena Salazar,
en su carácter de agente de la DEA, era una persona internacionalmente
protegida”.
Pero el detalle: en marzo pasado, la Corte había rechazado analizar
el amparo solicitado por Caro Quintero por considerar que no era un
asunto de trascendencia o relevancia, por lo que decidió regresar el
expediente al Primer Tribunal Colegiado de Jalisco. Esa instancia,
finalmente, fue la que decidió amparar al narcotraficante.
Twitter: @JCOrtegaPrado

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