¡¡Exijamos lo Imposible!!
Por Esto!
¿Los señores Beltrones y Gamboa escuchan al Ejército?...
Juan Pablo Becerra-Acosta M.
Doble Fondo
Mayo de 2013. Tres de la tarde. Un grupo de autodefensa, el del
municipio de Buenavista Tomatlán, en la Tierra Caliente michoacana,
intercepta a un grupo de soldados que patrullaban la zona procedentes
del vecino municipio de Tepalcatepec. Los militares iban comandados...
por un general de brigada del Ejército. Los levantados en armas contra
el cártel de los Caballeros Templarios estaban furiosos porque en la
mañana miembros de las Fuerzas Armadas habían desarmado a varios de los
suyos junto a un retén de los civiles levantado a la entrada de la
cabecera municipal. Habian sido horas de muchísima tensión. La gente del
pueblo cruzó una tercia de tráileres en la carretera que lleva de
Apatzingán hacia Buenavista. Varias veces cientos de soldados estuvieron
a unos cuantos metros de la turba. A tres metros, mientras la gente
enardecida le gritaba de todo a los militares. Había quienes querían
desarmarlos. Los peores amenazaban con estallar un enfrentamiento ahí
mismo. Un coronel logró conciliar. La carretera permaneció bloqueada
pero no hubo combate alguno.
Mientras ocurría eso, a unos kilómetros sucedía lo que narré al
principio: el general y sus hombres eran interceptados. El liderazgo de
las autodefensas determinó conducir a los soldados hasta las oficinas de
la policía municipal, ubicadas junto al edificio del ayuntamiento. Fue
muy difícil escoger el verbo para describir al aire, en Milenio
Televisión, lo que vivían el general y su tropa. ¿Estaban presos?
¿Estaban recluidos? ¿Detenidos? ¿Capturados? ¿Secuestrados? Estaban
encerrados tras las rejas, no de calabozos, pero sí de las oficinas
policiales. El general se mantuvo impertérrito todo el tiempo. Serio.
Concentrado. Apenas quiso hablar ante el micrófono y la cámara que le
pusimos enfrente mis compañeros y yo. En algún momento me permitieron
entrar a charlar con él. Nada más a mí: nada de micrófono ni cámara.
-Mi General, ¿qué hace aquí? ¿Por qué concedió venir a que lo encerraran?
Con la mirada firme -clavada en mis ojos-, la voz templada, me respondió
mientras sus hombres, siempre con sus armas en sus manos, escuchaban:
-Para evitar un mal mayor...
“Para evitar un mal mayor”, repetí en mi mente. Habíamos pasado varios
minutos difíciles. De pronto algunos radicales vociferaban que ya, que
había que entrar a las oficinas policiales y quitarles las armas a los
soldados. En algún momento a un imbécil se le ocurrió incitar a los
demás para que nos prendieran fuego a mis compañeros camarógrafo,
operador de Live U y a mí. “¡Huele-a-gasolina! ¡Huele-a-gasolina!”,
empezó a corear un estulto amigote del estólido aquel. El pueblo nos
salvó. Y entonces los ultras se volvieron contra el Ejercito (sí, el
Ejército) de nuevo: energúmenos proponían un linchamiento verde olivo.
Varias veces estuvimos a unos centímetros y a unos segundos de un
desastre. De un terrible enfrentamiento. De que corriera mucha sangre. Y
eso, eso ha ocurrido reiteradas ocasiones en los últimos meses. Hace
unas horas sucedió algo similar en los alrededores de Tancítaro, tomado
ya por las mismas autodefensas de Buenavista ayudadas por las de
Tepalcatepec. Los señores Beltrones y Gamboa no entienden, no asimilan
lo que está pasando en esta guerra. ¿No están oyendo a las Fuerzas
Armadas? ¿No están escuchando lo que ha dicho el general Cienfuegos en
los últimos días?
Pero claro, cuando ocurra lo que tarde o temprano va a suceder, ellos, y
sus colegas del PAN y el PRD, dirán que qué barbaridad, que eso no
puede suceder nunca más, y perorarán sandeces ante las cámaras durante
todos los primetime que puedan, eso sí, con semblantes de circunstancia
impecablemente mediáticos...
jpbecerracostam@prodigy.net.mx
twitter.com/@jpbecerraacosta
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