¡¡Exijamos lo Imposible!!
Por Esto!
¡Cuándo aceptarán que hay crisis!
Jorge Carrillo Olea
Enojo y desesperanza por el desgobierno
Este es un buen momento para estar en México
Enrique Peña Nieto
(29 oct 2013)
Aseguran los teóricos de esa disciplina llamada Inteligencia que nada es
espontáneo, que todo emite señales que a manera de advertencia
anticipan que algo está por suceder. Ese algo también anticipa sus
consecuencias. Nada es espontáneo, aflorado, milagroso. Todo emite
indicios. Otra cosa es que no se perciban o que no se sepan interpretar.
Y hasta los que no estuvieran de acuerdo con la supuesta regla, sí lo
están en que es desconcertante ver cómo brotan indicios de que algo
huele mal, y el presidente y sus reflectores permanezcan absortos en
temas tan remotos como la Alianza del Pacífico, tan inentendibles como
las Pymes, tan intangibles como el seguro universal o mensajes
ininteligibles como “convertir a México en un centro logístico de alto
valor agregado”*. De estos temas se ocupa el Presidente en sus más de
300 discursos cotidianos pronunciados en los faraónicos foros que son
tan de su agrado.
Sería patético que el gobierno, que dice que la escasez de malas
noticias provenientes del narco son señas de que todo va mejor, se
engañara a sí mismo con esa historia. Si se cambió de una estrategia
mediáticamente violenta a una mediáticamente menos ruidosa, eso no
quiere decir que las cosas hayan aventajado.
El índice de delitos asociados a la descomposición social: secuestro,
extorsiones, asaltos, sigue al alza. Pregunten a Michoacán. No nos
obsesionemos con el narco como tal. Veamos los preludios de nuevas
conductas, que usan el mismo recurso: la violencia, y buscan llegar
siempre a lo mismo: poder y dinero. Las formas de expresión de la
violencia son secundarias y mutantes pero la seguridad interior y sus
actores por hoy están a la defensiva y acogotados.
Abusando de dichos comunes vale recordarnos a nosotros mismos que es
posible que “los árboles no dejen ver el bosque”. Hay indicios de que
sí, sí existe un bosque y hay indicios de que éste pudiera incendiarse.
Si no brotan ruidos de alarma de Chihuahua, de Coahuila o Nuevo León
como a los que nos acostumbraron, no es porque haya paz. No hay las
ruidosas noticias de antes pero las estadísticas del propio gobierno lo
delatan.
Mientras tanto el barco hace agua. Las cosas en Michoacán y en el propio
DF pueden hacer explosión en cualquier momento, y no es el único
indicio de que “algo huele mal en Dinamarca” Los indicios están en todas
partes: la gente está agotada por la corrupción, la impunidad
insultante, el crimen que nos sigue cada día más de cerca, el desempleo.
Auméntense los espectáculos del Congreso y la Asamblea, la CNTE, los
pésimos servicios públicos, principalmente los de salud. Todo ello sin
sumar la terrible languidez del presupuesto 2014 y su base en deuda
pública. En síntesis, enojo y desesperanza por el desgobierno.
Los indicios permiten llegar a conclusiones que el gobierno debería
tener ya claras, en muy seria consideración y estudiando los hechos
anticipables con todas sus consecuencias: la ingobernabilidad y su
expansión territorial y social es una realidad. La siguiente expresión
manifiesta será la desobediencia civil y siendo ésta la actitud de
rechazo a toda regla de armonía, ésta de manera soterrada ya rige en la
mitad del territorio.
Si las garantías individuales de tránsito, reunión, expresión, comercio,
educación están condicionadas por el crimen; si ya no son ejercibles
por el pueblo, de tal manera que, ¿habrá gobernabilidad sin garantías?
Existe una crisis de gobierno que es invasiva e innegable.
Eso se proyecta como una sombra sobre la administración Peña que sería
ya permanente y marca propia del sexenio pero para el país es como la
guerra de Calderón, con tan serias y trascendentes consecuencias como
aquélla.
Hubo serios errores de cálculo. Errores de apreciación sobre la enorme
magnitud, densidad y profundidad de México. Sobre todo él, con su
compleja carga de problemas, con su gran potencial y sus fragilidades. Hubo errores de cálculo también en la evaluación honesta de las
capacidades individuales y grupales.
Se requería mucho más que ostentación. Se requería, entre otros
faltantes, un poco de sobriedad republicana. Festivamente se repartió el
poder entre los cuates mexiquenses como aguinaldos en una fiesta de
cumpleaños, nada más que ni los amiguitos ni sus ideas funcionaron.
*Primer Informe de Gobierno.
hienca@prodigy.net.mx

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