sábado, 13 de junio de 2009

Otra vez el curita Héctor González Martínez

¡¡Exijamos lo Imposible!!
EDITORIAL

Y nadie dice nada.


Corrían los tiempos en que era secretario de Gobernación el entonces confeso delincuente Camilo Mouriño (actualmente quien ocupa ese cargo es defensor de delincuentes) cuando oficialmente se declaró, por boca del hoy finado, que “toda la fuerza del Estado iría a Sinaloa tras los Beltrán Leyva”.

Y así, fue. Al día siguiente de las revelaciones, el Ejército marcho a Sinaloa pero no encontró, como era lógico que sucediera, a los buscados hermanos, que hoy se dice que viven en NL.

Hace un par de meses, el 17 de Abril pasado, para ser exactos, Héctor González Martínez, arzobispo de Durango, declaró que Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, vivía en Guanacevi, cercana localidad dentro de su juridicción religiosa.

Sin que por lo señalado fuera citado por ninguna Autoridad para indagar sobre la forma en que tuvo conocimiento del domicilio del más buscado de todos los barones de la droga; del que ni en los EEUU sabían su paradero (lo que no deja de ser altamente sospechoso).

Aclarando que unos días después de su escandalosa denuncia, ante los reporteros, el citado Arzobispo literalmente se hizo como el “Tío Lolo”, cuando al ser cuestionado por los compañeros sobre el tema, dijo estar “sordo y mudo”.

Hoy de nueva cuenta el polémico Prelado vuelve a las andadas y denuncia que grupos de la delincuencia organizada y narcotraficantes recurren a métodos a los que llamó refinados, para eliminar a sus competidores, controlar el mercado de drogas, e incluso hacerse de puestos con mando en localidades.

Sabido es que toda esa información los curas la obtienen por sus estrechas relaciones con todo tipo de mafias, y además por los ilusos que van a confesarles sus delitos (pecados) haciendo que el tal “Secreto de confesión” sea toda una farsa.

De no hacer nada las Autoridades para detener la intromisión del Clero en los asuntos de Estado, que nadie se extrañe si hay reacciones en contra de los religiosos.

Y no necesariamente por parte de quienes al compartir el dinero producto de actos delictivos, los hacen cómplices (socios). Sino por parte de los mismos que estando dentro de las filas gubernamentales no quieren correr el riesgo de ser “balconeados”. Pero nadie puede andar toda la vida entre las patas de los caballos y pretender no salir pisado.

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