El despertar
José Agustín Ortiz Pinchetti
■ Debate: basado en claro
Hasta hoy el debate sobre la contrarreforma petrolera ha significado:
1. Privatización: va imponiéndose la verdad. El proyecto significa: “volver privado lo que es público o transferir al sector particular la gestión administrativa o el dominio de bienes activos, empresas o negocios pertenecientes al área estatal de la economía”. En el diccionario, aquí y en China, lo que propone Calderón es privatizar.
2. Inconstitucionalidad: el texto y el espíritu de la Constitución no dejan lugar a dudas. La reforma que promovió el general Cárdenas en 1938, la de López Mateos en 1960, la de 1983 que modificó los artículos 25 y 26 de la Constitución y que definió como estratégica y exclusiva del Estado a la industria petrolera, son inequívocas. No hay necesidad de un ejercicio lingüístico. El petróleo y su explotación en toda la cadena son de la nación. Privatizar cualquiera de estas actividades es inconstitucional.
3. El gran tema es la corrupción y la opacidad en las operaciones en Pemex.
4. Muerte súbita. La posición del PRI no coincide con la contrarreforma. El discurso de su presidenta, Beatriz Paredes, no deja duda de que ellos van por otro camino. Lo que es coincidente con la declaración de principios, el programa de acción, la tradición y el orgullo del viejo gran partido. Si esto se confirma, la contrarreforma de Calderón está muerta.
5. Utilidad del debate. Mientras se mantenga en el recinto parlamentario, el ejercicio será un interesante precedente, pero no tendrá efectos sobre la población. Debería transmitirse una síntesis de las propuestas en los medios electrónicos y en el mejor horario posible. Mientras no suceda, sólo los familiares, amigos, colaboradores y admiradores de los ponentes se enterarán de lo que se está discutiendo.
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