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La carta del secretario particular de Peña Nieto
Jaime Cárdenas

La consulta que en materia energética demandan distintos sectores de la izquierda en México es la vía democrática que podría permitir un juego social y político de suma positiva, en donde todas las partes interesadas ganarían. No realizar la consulta e imponer la reforma energética por los cauces formalmente “constitucionales” equivale a dividir aún más a la sociedad. Aprobar la reforma constitucional a los artículos 27 y 28 sin consulta significaría profundizar las heridas y el distanciamiento social. La consulta es en sí misma favorable para todos.
Nuestra sociedad ganaría porque sería tomada en cuenta respecto a un asunto trascendental que le concierne, dado que los hidrocarburos son de la nación. Los poderes de la Unión ganarían porque mostrarían que tienen un sólido compromiso democrático y que saben escuchar a su pueblo antes de tomar determinaciones fundamentales. El Ejecutivo ganaría, aun en caso de perder la consulta, pues tendría argumentos ante Estados Unidos y las empresas petroleras trasnacionales para señalar por qué no realiza el cambio constitucional.
La oposición a la reforma constitucional energética ganaría porque, aunque perdiera en el resultado, tendría argumentos para decidir que la mayoría de los ciudadanos así lo quiso.
La consulta representa la mejor salida política para todas las partes. Nos situaría en otra dimensión democrática como nación. Por eso es lamentable la reacción de la Presidencia de la República a la consulta. Su respuesta nos empobrece como país.
Erwin Lino Zárate, secretario particular de Enrique Peña Nieto, dio respuesta el 5 de octubre pasado a la carta de José Agustín Ortiz Pinchetti, Bertha Elena Luján Uranga y Octavio Romero Oropeza, que habían solicitado a la Presidencia la consulta de la reforma energética. El secretario dio una respuesta típica de la burocracia nacional y, saliéndose por la tangente, arguyó que la iniciativa de reforma del Ejecutivo estaba en manos del Poder Legislativo y que, en virtud de ello, no correspondía al Ejecutivo señalar o sugerir la forma en la que aquél debía proceder.
Independientemente de las falsedades y mentiras que contiene la respuesta, es jurídicamente endeble. Es imprecisa porque el artículo 35 fracción VIII de la Constitución dice que las consultas pueden ser convocadas por el Congreso de la Unión a petición del Presidente de la República; por el equivalente a 33 por ciento de los integrantes de cualquiera de las cámaras del Congreso; o por los ciudadanos, en número equivalente, al menos, a 2 por ciento de los inscritos en la lista de electores.
La consulta, pues, puede ser propuesta en primer lugar por el Ejecutivo y éste puede solicitar al Congreso que haga la convocatoria en todo momento. El Presidente puede proponerla antes de la presentación de una iniciativa, una vez que se ha presentado o con posterioridad a su aprobación.
La misiva no le pedía a Peña Nieto que violentara la independencia del Legislativo o que rompiera con la división de poderes. La carta de esos tres ciudadanos sólo pedía al titular del Ejecutivo que por la trascendencia de la reforma energética, en ejercicio de sus competencias constitucionales, solicitara al Congreso que convocara a una consulta respecto a ella.
El secretario Lino se perdió en honduras y disquisiciones que no eran materia de la petición y así aludió mal a los principios de rectoría económica del Estado, al de la propiedad de la nación sobre los hidrocarburos y al de división de poderes. Después repitió los estribillos de la propaganda gubernamental: que con la reforma se reducirán los precios de la luz y del gas y que el sector liberalizado será palanca del desarrollo nacional.
La respuesta del secretario particular constituye una oportunidad perdida por la Presidencia para legitimarse y engrandecerse históricamente.
Al parecer Peña Nieto no quiere el respaldo de sus ciudadanos, busca la aceptación de las trasnacionales y del gobierno de EU.
Sus intereses están ahí, a ellos se debe. La nación mexicana es una abstracción que no le merece a Peña Nieto ni la posibilidad de ser consultada. (Emeequis)
jaimecardenas@prodigy.net.mx
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